Archivo de la categoría: Literatura

2002

Alguna vez, en medio del camino

debí preguntarme a mí mismo

qué es la madurez.

 

No recuerdo cuando,

pero recuerdo donde

me hirió por primera vez la duda

como gusano de seda,

como mosca taciturna

o como chispa que arde.

 

Era un embarcadero de Janitzio.

Ahí los primeros locos de la tierra

vendían su lengua y su esencia

al peor postor,

enajenado de Big Brother y Televisa

o diácono de las frivolidades

patrocinadas por Oscar de la Renta.

 

¿Qué es la madurez?

¿Es el simple invierno de los cabellos,

el otoño de las ideas,

el verano de los achaques?

¿Es perseguir en las barricadas y el Ché

un sueño, una utopía, una ilusión,

para claudicar despotricando hasta contra el SME?

¿Es el anteponer

la experiencia sensible

a la que se pide en las páginas del periódico?

¿Es el levantarse cada día

en un eterno deja-vú

interrumpido por la ambarina claridad de los sábados

y las secuelas de los domingos?

 

Lo descubrí, en la pureza de escuchar

un “te-amo” en lengua purepecha

que quizás la vida,

la madurez auténtica es sólo canto.

Canto que está, cada día flotandi entre nosotros

sobre el carmesí que disfraza

la carne desnuda

del falso pudor de las ciudades,

sobre lo más sórdido de la guerra,

sobre la aparente felicidad

de la puta y del borracho,

sobre lo gris de los noticieros,

sobre lo pálido del desempleo,

sobre el negro de la desesperanza.

 

El canto de la vida, en mil idiomas disperso

puede oirse

si le arrancamos jirones de plata a la luna

y a modo de caracola,

traducir la cacofonía de la torre de Babel.

Si lo logramos,

quizás no seamos más “maduros”

pero sí más diferentes.

 

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2000



(1)     ¿Dónde quedó la flor que emanaba de tus labios

al alba de la cosa de la cosa del pasado?

Sería pueril, amigo mío,

no empezar esta charla

(5)     sin hablar de quien fue Aranzani.

Quizás la mejor manera de hacerlo

es describirla como principio inmanente

de Oriente y Occidente

de rosa de los vientos,

(10)  de chispa que no se apaga,

espejo de luna y fragmentos de sol rociados

al vapor nihilista de la cotidianeidad.

La duda no tiene existencia en ella, pero tampoco la certeza

tal como aquel misterio inaccesible

(15)    cerrado con siete candados

ocho incertidumbres

y nueve curiosidades.

No tenía más tatuaje que el polvo de las estrellas

ni más vanidad que la existente en los granos de la mar

(20)   es el creer en un estallido, un poema, una paradoja,

en aquello que no se pierde aunque no pueda ser visto

aunque la chingada realidad

muchas veces se empeñe en ello.

¿Cuántos instantes- entre efluvios de alcohólico recuerdo

(25)     y olvidos de marca anónima y registrada-

son trazados hacia el ser-siendo-sido?

¿Cuándo dejaremos de jugar a ser arqueólogos del pasado

y meramente lamentar el presente?

(30)     Pregúntaselo a la pueril imagen de mi mismo

que llora frente al espejo de su casa y su realidad

-como quien ha perdido el más anhelado dulce del vivir-

a la edad de dieciséis años

se preguntaba, como ahora, aunque con menos argumentos y   aspavientos

(35)      sobre cuando, Aranzani, habría de volverte a ver.

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Metáforas de un tiempo (frente a la ventana)

Metáforas de un tiempo (frente a la ventana)

Homero Francisco

Guadalajara, 17 de enero 2011- Todos Santos, 23 de enero 2011

¿Qué se espera ver frente a una ventana, sino es la cotidianeidad en un primer plano? Como San Agustín, donde el tiempo no es ni ayer (porque ya pasó) ni mañana (porque aun no viene); aparte de la pregunta por la naturaleza de la ventana, se viene otra obligada: ¿es lo mismo un octavo piso (lo que se ve en estos momentos) que un primero, vista a ras de cielo y de suelo?

1

Frente a la ventana de una anónima habitación del último piso de algún hotel de Guadalajara, se observa un barrio donde borrachines y mujeres taciturnas protagonizan -en algún lejano bar-la noche de la antigua zona tabú de la ciudad, San Juan de Dios. Son las doce de la madrugada y, como hongos, estos héroes del asfalto horadan la calle donde pacíficos ciudadanos imponen su ley al amparo de la luz del día.

2

“La perla tapatía”, a pesar de los crecientes tufos de modernidad, sigue siendo en algunas zonas una ciudad hasta idílica, y prueba de ello son los muchachos que tatuan y se tatuan en el devenir de la calle Independencia cuando clarea el alba. Con besos erigidos en tinta y con caricias en papel, soy testigo privilegiado de esta epifanía. Más allá, una anónima bocina da la bienvenida al nuevo día.

3

En la azotea de otro hotel contiguo, una camarera regordeta toma una inmerecida siesta cuando son las once de la mañana, y tres casas más allá un sujeto de unos cuarenta años con una camiseta del Atlas echa una larga meada; ¿estos personajes estarán curados del antrax de las ciudades, esa estúpida enfermedad que es el anonimato? ¿ellos son, o se dejan ser?

4

Pero desvarío: ¿qué se ve en el primer piso? algún botones con nombre, mas no con apellido, da los buenos días de una forma casi maquinal, y otra burocrática recepcionista se pelea con un invisible e implacable jefe; Parafraseando a Octavio Paz, el mexicano es experto en hacerse máscara – y en ser máscara- el problema es, como en el mito, cuando la máscara se queda en el inseguro rostro definitivamente.

5

Algún chiflado- que ha superado su máscara en deus ex machina- desvaría en lo que haría si, como en los antiguos carnavales, los locos tuvieran el mando; el, sin saberlo, se erigió en superhéroe- y en superhombre a la manera de Nietzsche- cuando un día antes, el periódico La Jornada documentaba como toreaba a los trenes en algún riel sin nombre. El octavo piso, es una metáfora de la otredad; el primero, un reflejo de la mismidad. Como en un deja-vu, en algún anónimo estereo suenan las siguientes estrofas del grupo Luzbel:

“Y si te acercas al fuego verás salamandras volar,

vienen sangrando recuerdos y así el sueño llega a su fin,

y si le temes al fuego, y si no entiendes el juego, y si no quieres morir,

te dolerán las estrellas y pedirás a los cielos una oportunidad”

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De Teresa Mendoza a El Ponchis: lenguaje y significación en el narco

De Teresa Mendoza a El Ponchis: lenguaje y significación en el narco
Homero Francisco
10 Diciembre 2010

1

El primer contacto personal con la palabra “narcotráfico” y sus posteriores avatares, se remonta más o menos al verano del 2003, cuando comenzaba a inocular en el autor el vicio de la lectura. En el escaparate de la entonces Libros and Books -hoy Librerías de Cristal- se exhibía un autor que hasta ese momento no era tan conocido en el medio comercial de la literatura: Arturo Pérez-Reverte y su reina del sur, la inconfundible Teresa Mendoza.

En La Reina del Sur, es curiosa la metamorfosis del personaje principal,que pasa del rol clásico de la mujer que subsiste en condiciones de pobreza hasta convertirse en un elemento de peso en la metáfora del crimen que propone Pérez-Reverte, en una Culiacán ficticia, pero no por eso menos real. La parte que rescato de la obra, más allá de las vicisitudes de Teresa en el sub-mundo de la delincuencia organizada, es su encuentro en las cárceles españolas con su alter ego, Patricia O´Farrill, quien, en medio de una relación amor-odio, la introduce a un mundo alterno al que una muchacha de origen humilde y casi nula escolaridad podía aspirar : al de la lectura.

Así, La reina del sur se desdobla no sólo en la matrona del bajo mundo del narcotráfico, sino que adquiere otra corona: la de ella misma; titubeante primero, y de forma fluida después, Teresa Mendoza empieza con los libros clásicos, referente obligado para una cultura general, y luego encuentra una “identidad” como lectora. Es de llamar la atención una reflexión que el autor pone en labios de Teresa respecto a la naturaleza del lenguaje y sus múltiples interpretaciones:

“No hay dos libros iguales porque nunca hubo dos lectores iguales. Y que cada libro leído es, como cada ser humano, un libro singular, una historia única y un mundo aparte”

¡La Reina del Sur encarnada en Cratilo! Al igual que en el diálogo platónico, ella propone a su manera una construcción del mundo, a partir de un diálogo hermenéutico con las palabras y sus significados. Como Gadamer, ella propone que el texto puede hablar si nosotros tenemos los arrestos y las valentías- así en la coca como en el pisto- para preguntarle. ¿Esto no es una bofetada al maniqueísmo propuesto por Felipe Calderón y sus esbirros, en el contexto de una ficticia guerra contra el narco? ¿El Chapo Guzmán podría ser el filósofo de Badiraguato? Valdría la pena hacerse esta pregunta, creo. Si el Cochiloco en la película El infierno es capaz de establecer que “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”-explicación no tan obvia si se le analiza a fondo- ¿qué se puede esperar de alguien que tenga astucia y medios para explicarse de otra manera al mundo?

2

En 2006, la revista Proceso – actualmente vilipendiada por hablar de lo que se debe callar según la lógica de Televisa- publicó una de las primeras evidencias de que el estado mexicano se hallaba en una nueva problemática: la nota de que seis personas habían sido decapitadas en Michoacán y sus cabezas arrojadas en medio de una pista de baile. La reacción inmediata fue de pasmo en “el país de no pasa nada” y, naturalmente, el de satanizar al semanario por el exceso de lo gore del momento. Aunque, tiempo después, el discurso del odio promovido por la derecha y un Felipe Calderón falto de ideas y propuestas habría un enemigo público número 1.

El único merito que se le puede atribuir en este sexenio al gobernante en turno, va más allá de los ninis, los desempleados del SME y los caídos en una conflagración sin ganador por decisión unánime. Como candidato primero, y como presidente después, Calderón ajustó su estilo de gobernar a la reflexión de Wittgenstein en el Tractatus:

“Las palabras son como manivelas, que hacen posible diversas operaciones; es como decir que un bastón puede ser usado como palanca; solamente el uso, el modo de ser usado, lo hace ser palanca”

Al promover la idea de un peligro para México en la persona de AMLO, Calderón en realidad se refiere a miles, a cientos de mexicanos cuyo único pecado fue el de haber pedido-para disgusto del establishment- transparencia, el quitarle el traje al emperador que de por sí ya estaba encuerado. Ahora imaginemos, con la credibilidad del panismo por los suelos, se buscó un nuevo molino de viento contra el que un remedo de Quijote pudiera luchar. Y ese molino fue el narcotráfico. ¿Y cómo logró consolidar dicha empresa? ¡Mediante el lenguaje!

No es casualidad que en el sexenio en turno se hayan cambiado, para disgusto de la academia popular de la lengua, algunas percepciones y palabras para ajustarlas a los intereses de la violencia legitimada por el estado: daños colaterales se les llama a familias acribilladas por la negligencia militar, bajas es la población civil víctima de daños físicos y morales, el “vamos ganando aunque no lo parezca” como reflejo de una esperanza-al estilo del michoacano- “haiga sido como haiga sido”.

¡Y pobre del que se anime a cuestionar el sofisma del calderonato! Enrique Krauze publica el 23 de marzo de 2009 en el New York Times el siguiente editorial:

The Mexican print media has not been entirely helpful either. Of course, freedom of press is essential for democracy. But our print media has gone beyond the necessary and legitimate communication of information by continually publishing photographs of the most atrocious aspects of the drug war, a practice that some feel verges on a pornography of violence. Press photos of horrors like decapitated heads provide free publicity for the drug cartels. This also helps advance their cause by making ordinary Mexicans feel that they are indeed part of a “failed state.”

Esto palabras más, palabras menos puede interpretarse así:

“Los medios impresos mexicanos no han sido enteramente amables al respecto. Por supuesto, la libertad de prensa es esencial para la democracia, pero nuestros medios impresos han ido más allá de la comunicación necesaria y legítima de la información al publicar continuamente fotografías de los aspectos más atroces de la guerra contra las drogas, una práctica que algunos sienten al borde de una “pornografía de la violencia”. Las fotos de la prensa de los horrores como las cabezas decapitadas proveen publicidad gratuita para los carteles de la droga. Esto también ayuda al avance de que los mexicanos ordinarios sientan que están formando parte de un “estado fallido”” .

3

Sin embargo, y para desgracia de los mexicanos, la inevitable realidad está rebasando el mero optimismo oficialista respecto a las acciones tomadas para el combate a las drogas. Con el apogeo de las redes sociales- Twitter y Facebook-, así como de su hijo putativo Wikileaks, las fuentes de siempre han visto minado su monopolio de la verdad ante quienes-parafraseando a Kant- han ejercido una crítica de la razón violenta. Esto contrapuesto a un fenómeno significativo en últimas fechas: el uso del lenguaje para apoyar una visión del mundo al estilo western de los buenos y los malos (los feos no los cuento porque la estética es relativa al espectador).

La muerte de Arturo Beltrán Leyva supuso, dada su difusión en los medios, un hito y una metáfora de lo que sería la guerra calderónica-el pasar por encima de quien se tuviera que pasar- la saña reflejada en el cuerpo baleado del capo y adornado con billetes de alta denominación. Un ser que comió, bebió, amó, mió y hasta cagó- si se me permite esta palabra- reducido a trofeo de guerra, pagando por su crimen. Ojo: no estoy discutiendo la naturaleza de los actos de esta persona, pero habría que cuestionarse lo siguiente: ¿cómo tratar al ser humano que no es naturalmente bueno ni malo?

En otro tenor, se encuentra el caso de Edgar Jiménez Lugo, el Ponchis, un mini-sicario de apenas 14 años de edad que, con toda la tranquilidad del mundo, confesó haber mutilado por lo menos a 4 personas bajo el influjo de las drogas. En una sociedad que acepta la exhibición morbosa como manera de etiquetar al individuo- de ahí el éxito de los teletones como simulación de la virtud- el caso del Ponchis supuso terreno fértil para los juicios a priori sobre los a posteriori. Inclusive, el hecho de mostrar al mini-sicario ante los medios, supone el rebasar una barrera entre lo que se debe conocer de la nota y los derechos individuales del afectado.

Contraponiendo las dos visiones del problema del narcotráfico y de la delincuencia en general, se puede deducir el pie del que cojea la política antidrogas: el de carecer de razón desde un punto de vista hermenéutico. Por más que pataleen los Krauzes y demás apologistas del gobierno en turno, la violencia va más allá de un mero problema de percepción y de maniqueísmos del pasado, y su fundamento implica el que también paguen justos por pecadores, lo que presupone algo cercano al genocidio. Si Pérez Reverte en La reina del Sur, nos mostró que Teresa Mendoza tenía la capacidad de cuestionarse su entorno a través de la lectura, ¿no es esta una opción para deponer las armas y, literalmente, romper lanzas por la construcción de una nueva concepción del mundo a través de la imaginación? Citando al profesor universitario, en este sentido quizás tenga mayor virtud un Chapo Guzmán que se conduzca con inteligencia en el submundo del crimen organizado que un Felipe Calderón, cuya único leitmotiv es el “haiga sido como haiga sido”.

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Avance del programa de radio 26.Noviembre.2010

Avance del programa de radio 26 de noviembre 2010.

http://pbarataria.podomatic.com/


La lectura como fiesta y antídoto de la fiesta- La fiesta 3.11.10 (Mehdi)

1. CONCEPTO DE FIESTA Y SIGNIFICADO SEGÚN EL TÍTULO

Antes de empezar con esta ponencia, es preciso conceptualizar y puntualizar el término “fiesta”. Basándome en la historia del Tractatus de Ludwig Wittgenstein acerca del lenguaje, no me ayudaré del Diccionario de la Real Academia Española puesto que dicho término quedaría falto de todo sentido tanto filosófico como lingüístico, o como diría el mismo Wittgenstein del segundo Tractatus: “El significado de una palabra es su uso”.  Algunas disciplinas, como la Filosofía del Lenguaje, nos han abierto muchos horizontes para esclarecer algunos vocablos que la misma lengua no ha podido dar a conocer.

Claudia Macías Rodríguez en su ponencia “La fiesta: preservación de la cultura popular en América Latina.” afirma que Miguel Roiz opina que:

La fiesta es un fenómeno social comunicativo, una serie de acciones y significado de un grupo, expresados por medio de costumbres, tradiciones, ritos y ceremonias, como parte no cotidiana de la interacción, especialmente a nivel interpersonal, caracterizadas por un alto nivel de participación.

También nos insiste en el término citando a Humberto Eco diciendo que:

La fiesta es un sistema de signos, un fenómeno de comunicación, en donde se transmiten significados de diversos tipos […] que le dan un carácter único o variado, y en los que la práctica festiva, de goce e incluso orgía se entremezclan con la práctica religiosa o mágica, cumpliendo determinadas finalidades culturales básicas para el grupo.

Incluso en algunas obras, sobre todo de autores latinoamericanos en que la fiesta es un evento identitario, se aprecian pasajes o hasta títulos que poseen connotación festiva. Tales son “La fiesta de las balas” en Al filo del agua de Agustín Yáñez, influyendo, tal vez, en Octavio Paz en “Todos Santos, Día de Muertos” perteneciente al libro de ensayos de El laberinto de la soledad.

Martin Heidegger compara la fiesta (el evento) con la obra. El hombre, en este caso de Heidegger, el artista es el origen de la obra, la obra no es obra sin el artista. Lo mismo pasa con la relación del hombre con el evento, la fiesta no es tal sin la presencia del hombre aunque con la interacción con otros hombres aunque de manera grupal. Heidegger nos hace entender que la fiesta es un evento donde el individuo deja de ser individuo y se dispersa en la multitud. Ya no existe la relación del individuo con el otro individuo, sino un nosotros frente a un vacío, frente a un nada.1 Se puede entender esta relación si hubiera habla como afirma Hölderlin, donde haya diálogo e intercambio de “mirada” como vamos a ver más adelante con Jean Paul Sartre.

1: Este párrafo relacionado con Heidegger fue sacado de Aportes a la filosofía. Acerca del evento (Traducción de Dina Picotti, Almagesto y Biblos) de Martin Heidegger, Buenos Aires, 2003, pp.110-111

Por lo tanto, en la ponencia que les voy a presentar, intentaré abordar una parte de la fiesta aunque como calidad de reunión intelectual, una especie de comunión y “fusión de horizontes” según Gadamer aunque como canal para llegar a ustedes: “Sentirse solo no es sentirse inferior, sino distinto”.2

2: SALGADO, Dante, Camino de ecos. Introducción a las ideas políticas de Octavio Paz, México D.F., Ed. Praxis, 2002, p.6.

2. LA LECTURA COMO AMISTAD

No quiero que esto que diga aluda a alguien o algo que llame la atención del oyente. Por lo tanto, rescato una cita de Mallarmé:

Nombrar un objeto es suprimir las tres cuartas partes del goce del poema que está hecho de adivinar poco a poco: sugerirlo, de ahí el sueño. Es el perfecto uso de ese misterio el que constituye al símbolo.3

Mallarmé, al igual que Quevedo, sabía cómo jugarle al lector. Creo que esta regla se puede adaptar a los otros géneros literarios como es el caso del ensayo de carácter literario. Lo mismo puede pasar con la intencionalidad de un texto. Es el lector, o en este caso el oyente, que debe averiguar el lenguaje en que el exponente cita las cosas para que ése (el oyente) no caiga en un laberinto de Babel. Como dice el mismo Mallarmé:
“Frente al papel el artista se hace”4, así se forja la calidad de un humanista frente a las ideas.

Recuperando un poco el tiempo perdido, Marcel Proust afirma que “la lectura est une amitié”. La lectura fomenta la conciencia de la existencia del otro, de una ilusión de encuentro o reencuentro a través de “le regard”, según Jean Paul Sartre, o la mirada. Una mirada hacia el otro no como otro sino como yo, una mirada de complicidad y aceptación, una mirada sin prejuicios ni perjuicios. Conocer al otro para Sartre es conocerse a sí mismo, por lo tanto, aceptar al otro es de un modo u otro aceptarse, aceptarse no como uno; sino en la mirada sincera y de aceptación del otro.

3: REY, Jean-Michel, Paul Valéry: La aventura de una obra, Madrid, Ed. Siglo veintiuno de España Editores, 1997, p.69

4: Ibíd., p.52

La amistad es un proponerse a ponerse de acuerdo, un tender puentes para fines comunes. Como ocurre en el círculo hermenéutico, el autor entrega para el lector su misión y tiende a desaparecerse: “Entre la obra y el autor se interpone un elemento que los separa: el lector.”5 El libro, por vía del autor, es un refugio donde moran nuestros ideales que nos sugieren cómo actuar en determinadas situaciones, y muchas veces, cómo ser.

Mario Benedetti afirma que “Uno lee y relee. Cuando lee mucho, suele olvidarse de los títulos pero no de los personajes.”6 En mi vida personal, Alonso Quijano me ha inculcado el fervor por la lectura, recordando un poco a Cervantes que decía que “leía hasta los papeles rotos de las calles”. Pero, un tal don Quijote también me ha ayudado con sus quijotadas a cruzar el Atlántico, el Golfo de México y el de California para estar hoy aquí entre sus ojos y la pared. En este instante, ustedes deciden qué hacer conmigo. Estoy entre la aceptación y el rechazo aunque a veces nos dé una cierta nostalgia cortesana la segunda opción.

El Dr. Humberto González Galván afirma, recordando a Bachelard, la difusión de la palabra a través de la radio. Quien habla a través de la radio es escuchado por desconocidos, extraños y vacilantes entre simpatizantes y pseudo-enemigos. Uno se olvida de ese alguien y es guiado por su voz y su lucidez. Todos debemos cargar con este destino. Una conferencia es todo lo contrario. Conferencia viene del verbo “conferir” que significa conceder, otorgar, agraciar.

5: PAZ, Octavio, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, México D.F., FCE, 1994, pp.19-20

6: BENEDETTI, Mario, Vivir adrede, México D.F., Alfaguara, 2008, p.13.

El conferenciante no sólo concede una plática a los oyentes, sino que les concede, una mirada de aceptación, una amistad. Ahí mismo, al estilo de don Quijote cuando fue in extremis armado caballero, los presentes toman posesión de ese “regalo para regalar7 y compartir.

Un bien, en este caso la biblioteca o la misma universidad, es algo para compartir, no para partir y repartir.

Recordemos al inmortal Borges que aprendió alemán para leer a Schopenhauer, Cansinos-Asséns que aprendió árabe para traducir el sublime libro de Las Mil y una noches, y Héctor Bianciotti que aprendió francés para leer a Paul Valéry.

Yo, en cambio, que también aprendí francés, prefiero el español a pesar de lo torvo que puede llegar a escucharse la palabra “pájaro” frente a la palabra dócil y dúctil  en francés “oiseau”. Como bien dijo Borges: “Mi destino es la lengua castellana”.

Los libros acaban por elegirnos el destino: “Ojalá seas el lector que este libro aguardaba8. “Ningún hombre sabe quién es9 efectivamente, pero, también, somos “el eco de otros que en el pasado [nos] antecedieron […] [y] el fiel presagio de otros que en el futuro [se] repetirán hasta el vértigo.10

7: GONZÁLEZ GALVÁN, Humberto, Radio y filosofía: tradición y juego de espejos. Conversaciones filosóficas: tragedia., La Paz, UABCS, 2006, p.9

8: BORGES, Jorge Luis, Biblioteca personal, Madrid, Alianza, 2000, p.8

9: [s.n], Tres homenajes: Rimbaud Borges Ibargüengoitia, México D.F., UABCS, 2002, p.72

10: BORGES, Jorge Luis, Narraciones, Pamplona, Ed. Salvat, p.46

Tal vez, lo que en estos instantes estoy ensayando haya sido el cíclico intento de todos los que hoy hablan en mí.

3. LA BIBLIOTECA COMO CENTRO DE COMUNIÓN

Para Platón, pensar es recordar; por lo tanto, voy rescatando ideas que considero mías más tropiezo con ellas a lo largo de mis infinitas búsquedas. Buscar es un volver a comenzar, es como el río para Heráclito que siempre es el mismo y distinto.

Borges, con una grandiosa humildad, nos deja esta cita: “Uno no es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.”

Pienso en Platón y evoco la biblioteca de Alejandría y el surgir de un nuevo héroe griego que bajo su almohada tenía La Ilíada y su espada. Pienso en la biblioteca de Pérgamo y la etimología del término “pergamino”. Pienso, sin dudar ni descartar nada, en la biblioteca de Córdoba y el esfuerzo hermenéutico de Averroes al estar adaptando la realidad del Teatro al pensamiento árabe. Pienso en la biblioteca de Bagdad y el cruel alfanje de Genkis Khan. Pienso en la biblioteca de Granada y la codicia retrógrada del Cardenal Cisneros, el mismo que bendijo los primeros evangelizadores con la llegada de Colón al continente americano.

En la Biblioteca Pública de Toledo se encuentra un Codex Miscellaneux del siglo XI escrito en latín afirmando que:

El libro es lumbre del corazón, espejo del cuerpo, confusión de vicios, corona de prudentes, diadema de sabios, honra de doctores, vaso lleno de sabiduría, compañero de viaje, criado fiel, huerto lleno de fruto, revelador de arcanos, aclarador de oscuridades. Preguntando responde, y mandando anda deprisa, llamado acude presto, y obedece con facilidad.11

11: [s.n], Impresiones sobre el Quijote, Granada, Junta de Andalucía, 2006, p.73

Hoy, pasados diez siglos, ¿qué es un libro? ¡Eliminemos, todos, esa cortina subjetiva! Sin esa imagen caleidoscópica nuestra, a eso queda reducido hoy el libro. Hombres vestidos de Genkis Khan, Cisneros y Cervantes (aunque de manera satírica) conmemoran la quema de los libros y la aniquilación del pensar como ejercicio puramente consciente, libre y autónomo.

Los libros de caballería estaban muy de moda antes del Barroco. Lo mismo podemos hacer nosotros, los humanistas, pero con los libros que están incluidos en el Programa, que nos piden los maestros casi suplicando, y no leemos.

Imaginemos si no existiera el bibliotecario Alonso Quijano, este artificio grande que es el Quijote sería un quijotismo. Todos somos don Quijote que a pesar de la quema de la biblioteca de Alonso Quijano (su alter-ego o el Pangloss de Voltaire) pudo salir a difundir la palabra y la justicia caballerescas.

El cierre de una biblioteca no significa ni debe significar un hasta aquí hemos llegado, una especie de ruptura reflexiva y crítica, sino una vuelta al modelo de la inquisición y la censura. Ante la censura, la demanda de los libros y la actividad de la lectura es donde conocen un momento de cúspide y esplendor. Aprovechemos, entonces, este instante de oscurantismo y patrioteros, dedicándonos a la tarea del humanista que es leer, reflexionar y pensar. A los políticos les pertenece la política; a nosotros, la lectura y los libros.

Pienso particularmente en el admirable Miguel León Portilla, al pensar en él ya estoy dando las gracias a nuestro maestro Dante Salgado. Esto es lo que nos enseña los libros, estar agradecido a alguien por habernos ayudado a descubrir a un autor. A través de la lectura nace la amistad. Todos perseguimos poblar nuestra soledad, o bien afirma el poeta Carlos Monsiváis: Cuando uno lee ya no está solo. Leer es dialogar y cuando se dialoga la soledad se declara abolida.”

Cuando Portilla recibió la Medalla “Belisario Domínguez” esto nos dejó: “A hombres de libros y estudio debemos la independencia12. Cuatro páginas después, vuelve a dejarnos: “Tierra de libros, mucho es lo que los mexicanos debemos aprender en ellos13.

A pesar de los conflictos a lo largo de la historia entre el mito y el logos, la religión y el saber son y han sido siempre las dos caras de la misma moneda. Mientras el templo o el mausoleo es el lugar predestinado a los creyentes; la biblioteca es el centro de comunión de los humanistas que son monjes, disconformes con la situación preponderante y el medio, refugiándose en la palabra.

La mayoría de nosotros cuando acude a la biblioteca es que busca algo, necesita algo, carece de algo que complemente el todo. Sin embargo, algunos van en busca (creo) de un alguien “que les dé plena existencia” como bien afirmó el admirable y problemático Octavio Paz.

12: PORTILLA, Miguel León, México: De su historia, penurias y esperanzas, México D.F., Ed. El Colegio Nacional, p.28

13: Ibíd., p.32

Nosotros, los humanistas, que desconocemos quiénes somos, vamos en búsqueda de ese ancestro onírico, ficticio, mítico e inmortal.

Elijamos, pues, el Quijote. Es peculiar y alarmante la experiencia que les voy a compartir.

Existen muchas obras que si no están acompañadas por sus autores, no parecen las mismas. Decir, por ejemplo, El túnel de Sábato y Sobre Héroes y Tumbas, la balanza puede caer definitivamente en la segunda opción.

No obstante, existen otras obras, que son escasas, que no necesitan la amistad de sus autores. Unas de ellas son el mismo Quijote, El aleph, Ficciones y otras pocas por ahí, aunque no olvidando el misterioso caso de Las Mil y una noches.

Tomando el caso del Quijote y fijándonos nada más en la parte del título que dice “ingenioso”. Quiero destacar, sobre todo, el ingenio de la contradicción. En el idioma francés, este término es llamado de dos maneras: la traducción de la palabra “malentendido” y lo que sería la evolución del vocablo “quid-pro-quo”.

Cervantes, a lo largo de todo el Quijote, y tal vez, también, en sus Novelas Ejemplares, ha ido coleccionando verdaderos quid-pro-quos y paradojas. Hasta el mismo Cervantes es la historia de la paradoja.

Desde que tengo uso de razón (y me refiero a mi acceso a la universidad) he intentado por todos los medios renegar del Quijote, de Cervantes y los literatos del Siglo de Oro español. Después, me di cuenta que renegar del Quijote y de Cervantes era renegar de España y una gran parte de la historia de Marruecos y del mundo árabe y la cultura islámica. Renegaba, también, de las mazmorras de Tetuán, el Río Martin y Berbería.

Renegar de Cervantes, en resumidas palabras, es renegar de una gran parte de la historia de la literatura universal. Pienso en el Quijote y recuerdo La muerte de Artemio Cruz sin tener que pensar en Carlos Fuentes.

Octavio Paz mucho nos ha enseñado. Hace dos años, vi una entrevista suya  cuando recién había recibido (creo) el Premio Cervantes y recuerdo que había dicho que los mexicanos no tenían que odiar o aborrecer a Cortés por el mero rechazo, sino comprenderlo. Paz también fue un hombre contradictorio. El maestro Dante Salgado lo refleja pormenorizadamente en Camino de ecos: Introducción a las ideas políticas de Octavio Paz.

Ésta es la tarea y el destino del humanista y del intelectual: ser contradictorio. “Nietzsche supo que en sí mismo era contradictorio”14, juzgaba en aquel entonces un Paul Valéry rígido y patéticamente fiel a sus ideas y conceptos.

Un proverbio francés dice: “El que no avanza recula”. Avanzar en términos de Humanidades es pensar, reflexionar y criticar: “Una sociedad que ensaya, es una sociedad que piensa.”15

14: REY, Jean-Michel, op.cit, p.86

15: SALGADO, Dante, op.cit, p.9

Les cito este proverbio y este homenaje del maestro Dante al pensamiento y la cultura franceses y recuerdo a José Ortega y Gasset que a su vez tomó ideas de Francia a raíz de la crisis noventayochista:

[…] Hemos sido arrojados en nuestra vida y, a la vez, eso en que hemos sido arrojados tenemos que hacerlo por nuestra cuenta, por decirlo así, fabricarlo. O dicho de otro modo: nuestra vida es nuestro ser. […]

[…] tenemos que decidir lo que vamos a ser […].

[…] vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser. ¿No perciben ustedes la fabulosa paradoja que esto encierra? ¡Un ser que consiste más en lo que es, en lo que va a ser; por tanto, en lo que aún no es.”16

Como he señalado anteriormente, el humanista está en un conflicto duradero. No todos vamos a ser Borges y refutaremos el tiempo. Somos mortales y la esperanza de no despertarnos mañana, nos hace actuar en el hoy como si fuera un para siempre. Por lo tanto, somos inmortales aunque no a la manera de Borges, sino a la creencia distorsionada e imperfecta de la refutación de Borges. Cada uno posee su propia experiencia hermenéutica y este diálogo a tres voces como bien dice Roland Barthes se vuelve un coloquio de infinitas y desconocidas voces: Leer el Quijote es leer el Amadís de Gaula, Tirant Le Blanc y todos los libros de caballería que perecieron como la biblioteca de Alejandría.
16: ORTEGA Y GASSET, José, ¿Qué es filosofía? Apud. BONILLA GÓMEZ, José Eduardo y NAVARRO CRUZ, Ruth, Ética y valores I (Apegado a la Reforma Integral de la Educación Media Superior basada en Competencias), México D.F., Compañía Ed. Nueva Imagen, p.15

Todos llevamos la carga y el eco de nuestros alter-ego, el que nos moviliza y nos motiva, el que nos hace reflexionar y nos mira sin estar delante de un espejo o leyendo a Borges.

EPÍLOGO

La lectura es la toma de consciencia y el regreso del/al pasado. No somos nosotros los que regresamos al pasado, sino viceversa: “[…] el sujeto del acontecer de la experiencia no es el sujeto humano sino la movilidad de la propia experiencia […]”(Hans-Georg Gadamer, Verdad y Método, p.26)

¿Se puede realmente llegar a una conciliación total de dos puntos de vista divergentes a través del lenguaje, a esta visión totalizadora, considerando que cada lenguaje, cada discurso, de cada individuo es un mundo, contiene desde su herencia familiar hasta su cultura misma?

Esto me preguntaba un amigo. Pensando en la figura de Ludwig Wittgenstein ya tenemos la respuesta de cómo en un mismo individuo no se puede dar la conciliación de dos puntos de vista. Gadamer se conforma con transmitirnos que “comprender lo que alguien dice es […] ponerse de acuerdo en la cosa, no ponerse en el lugar de otro y reproducir sus vivencias.”17

Como yo también “soy el tema central de esta ponencia”18, no busco simpatías de ningún tipo. El ensayo está para reflexionar, pensar y criticar lo que a diestra y siniestra estoy creyendo que es verdad:

[…] la esencia de la Poesía es la instauración de la verdad. La palabra instaurar la entendemos aquí en triple sentido: instaurar como ofrendar, instaurar como fundar e instaurar como comenzar.19

17: GADAMER, Hans-Georg, Verdad y método I, Salamanca, Ed. Sígueme, 2003, p.461

18: SALGADO, Dante, El ensayo. Ensayística de Paz, La Paz, UABCS, 2005, p.40

19: HEIDEGGER, Martin, Arte y poesía (Trad. Samuel RAMOS), México D.F., FCE, 2001, p.114

Prefiero la tercera opción. Pensando y reflexionando es cuando se comienza con otra era: “La tradición de la ruptura”20.

La biblioteca es el fiel reflejo de nuestro pasado, acabar con la biblioteca es poner fin a nuestra característica ontológica con que estamos hechos:

Los hombres aman el pasado y contra ese amor nada puedo ni pueden mis verdugos, pero alguna vez habrá un hombre que sienta como yo, y ése destruirá mi muralla, como yo he destruido los libros, y ése borrará mi memoria y será mi sombra y mi espejo y no lo sabrá.21

Lo más esperanzador es lo diferentes que somos. “[…] el habla es el medio para llegar uno al otro” 22. Es exactamente lo que estoy intentando ensayar. La cuestión es la mirada de ustedes.

20: SALGADO, Dante, Brevísima relación de la idea de amor en Occidente, La paz, UABCS, 2008, p.149

21: BORGES, Jorge Luis, Nueva Antología Personal, Barcelona, Bruguera,  p.242

22: HEIDEGGER, Martin, op.cit, p.134

(CRÉDITOS:

Mehdi Mesmoudi Padinha,

1er. semestre tronco común de Humanidades UABCS)


La fiesta y las pretensiones políticas ante la caída de Madero- La fiesta 3.11.10 (Christian)

A fines de 1912 o principios de 1913 un observador superficial podría haber tenido la impresión de que el movimiento maderista había consolidado en lo fundamental su control sobre el país. Los intentos golpistas de Bernardo Reyes y Félix Díaz habían sido dominados y Pascual Orozco ya no presentaba un peligro serio; la insurrección zapatista, aunque seguía desarrollándose con toda la fuerza, sólo afectaba a una parte relativamente pequeña de México.

Si bien el hecho de que el régimen de Taft estuviera ya en sus últimos días puede explicar el entusiasmo de Taft por derrocar a Madero, también explica la renuencia manifestada por Knox en relación con el plan.

La reticencia de Knox se vio fortalecida por la buena disposición de Lascuráin a complacer al gobierno norteamericano, demostrada durante su visita a los Estados Unidos, disposición que fue estimulada por las amenazas de intervención. La política del gobierno norteamericano en las cruciales semanas que siguieron a este intercambio de informes durante las cuales Henry Lane Wilson desempeñó un papel decisivo en el derrocamiento de Madero, puede ser el mejor indicio de la verdadera actitud de Taft.

 

La Decena Trágica

En enero de 1913 se organizó una nueva conspiración contra el gobierno de Madero, una conspiración en la cual los grupos conservadores rivales lograron unirse por primera vez y enterrar, por lo menos temporalmente, sus diferencias.

El mismo Madero y su gobierno habían salido ilesos de los acontecimientos, pero pronto se vieron obligados a tomar decisiones cruciales. Madero podía agrupar en torno suyo a las fuerzas revolucionarias que aún estaban sobre las armas y proclamar el cumplimiento de las exigencias revolucionarias; con ello hubiera recobrado por lo menos una parte de su popularidad, y hubiera estado probablemente en condiciones de aniquilar a las fuerzas de Díaz.

En la víspera del golpe propuesto, el 8 de febrero, según informó un confidente de Félix Díaz a cierto diplomático inglés, un emisario de Huerta “fue encargado de entrevistarse con el general Díaz con vistas a llegar a algún arreglo, pero las propuestas eran tan distintas de ambas partes que resultó imposible llegar a un acuerdo”.

Pero el 9 de febrero, después que Madero lo había colocado en un puesto donde su poder era decisivo, Huerta estaba en una situación muy distinta frente a los rebeldes y podía reiniciar las negociaciones desde una posición de fuerza.

Madero obviamente no conocía estos hechos, pero en vista de los antecedentes de Huerta es difícil comprender por qué no tuvo dudas para reinstalar al general, en febrero de 1913, en un puesto todavía más importante que el que había ocupado antes.

Los diez días que mediaron entre el levantamiento y el final de la “guerra falsa” se conocen en la historia mexicana como la “Decena Trágica”. La expresión “guerra falsa” sólo es acertada en lo que se refiere al hecho de que Huerta no estaba combatiendo con el objeto de derrotar al movimiento de Díaz.

El embajador Wilson intervino de manera decisiva en estos acontecimientos, en parte secretamente y en parte abiertamente. Su actividad secreta consistió en establecer contacto tanto con Félix Díaz como con Huerta, y en hacer todo lo posible por concertar un acuerdo entre los dos para el derrocamiento de Madero.

El carácter abierto de la actividad de Henry Lane Wilson perseguía el objetivo de desacreditar al gobierno de Madero por medio de amenazas y protestas, tanto en el país como en el extranjero, aislarlo de sus partidarios y finalmente obligarlo a renunciar.

Wilson encontró su mayor apoyo en el representante alemán en México, contraalmirante Paul von Hintze, y a el dedicó sus más cálidos elogios: “Después del primer encuentro que tuvimos, me formé un juicio muy favorable del almirante von Hintze, y no tuve ningún motivo para cambiar este concepto.

Aunque cada vez se filtraba más noticias acerca de la conspiración, la ciega confianza de Madero en el antiguo ejército porfirista y en sus jefes no pudo ser quebrantada. La noche del 17 de febrero, el hermano del presidente, Gustavo Madero, quien por medio de un amigo se había enterado de las reuniones entre Díaz y Huerta, detuvo a Huerta y lo llevó a las dos de la mañana con el presidente. El general se defendió aludiendo a su fidelidad y sus servicios cuando reprimió la rebelión orozquista, y prometió tomar medidas decisivas contra los rebeldes al día siguiente. Madero reprendió a su hermano, dejó en libertad a Huerta y le dio un plazo de 24 horas para probar su lealtad.

Mientras Madero se expresaba con tanto optimismo ante Hintze, la conspiración entraba en su última fase. El mismo día por la mañana, Huerta indujo a un grupo de senadores a que le pidieran a Madero que renunciara. Como éste se negó a acceder a esta exigencia. Huerta lo hizo detener por sus tropas a las 13.30 horas. Una hora más tarde, Hintze se dirigió a la embajada norteamericana a solicitud de Wilson.

La tarde del 18 de febrero, Wilson invitó a Huerta y a Félix Díaz a la embajada norteamericana.

Esto no significa que Wilson se proponía permitir que los dos participantes negociaran sin su intervención. Aunque favorecía a Félix Díaz, el embajador estaba convencido de que por el momento la única solución viable era que Huerta asumiera la presidencia.

En última instancia, la decisión acerca del destino de Madero dependía del embajador norteamericano. Hintze hizo contar que “la victoria de la reciente revolución es obra de la política norteamericana. El embajador Wilson realizó el golpe de Estado de Blanquet y Huerta; él mismo se vanagloria de ello”.

El 20 de febrero, Hintze fue a ver a Wilson y le expresó su preocupación de que el nuevo gobierno pudiera asesinar a Madero.

Hintze insistió y advirtió a Wilson que la ejecución de Madero significaría una violación del pacto acordado y además una mancha sobre su actividad en esta revolución.

El 22 de febrero Madero y Pino Suárez fueron sacados de sus celdas, diciéndoles que se les iba a trasladar a otra prisión, y se les asesinó en el camino. Se anunció oficialmente que el presidente y el vicepresidente habían sido muertos durante su traslado del Palacio Municipal a la prisión durante un intento de sus partidarios por liberarlos.

El mantenimiento del ejército federal, al cual accedió Madero en las negociaciones de paz que tuvieron lugar en 1911, fue la principal causa de su caída. Ningún gobierno en toda la historia de América Latina que haya intentado llevar a cabo una transformación social logró hacerlo sin destruir antes al ejército existente.

A fin de cuentas el fracaso de Madero representó el fracaso de la clase social a la cual pertenecía y cuyos intereses consideraba idénticos a los de México: los hacendados liberales.

No sólo Madero sino todos los dirigentes revolucionarios provenientes de esta clase, fueron finalmente derrotados por razones semejantes. Todos ellos habían llamado a los campesinos a rebelarse en su favor y todos se volvieron en contra de sus aliados cuando éstos exigieron que se llevara a cabo una reforma agraria en gran escala. Fue primordialmente su temor a las demandas campesinas lo que llevó a Madero a mantener intacto el ejército federal.

(Créditos:

Christian- Lic. en Historia 7mo. semestre UABCS)