Archivo de la categoría: Hombre-niño

2002

Alguna vez, en medio del camino

debí preguntarme a mí mismo

qué es la madurez.

 

No recuerdo cuando,

pero recuerdo donde

me hirió por primera vez la duda

como gusano de seda,

como mosca taciturna

o como chispa que arde.

 

Era un embarcadero de Janitzio.

Ahí los primeros locos de la tierra

vendían su lengua y su esencia

al peor postor,

enajenado de Big Brother y Televisa

o diácono de las frivolidades

patrocinadas por Oscar de la Renta.

 

¿Qué es la madurez?

¿Es el simple invierno de los cabellos,

el otoño de las ideas,

el verano de los achaques?

¿Es perseguir en las barricadas y el Ché

un sueño, una utopía, una ilusión,

para claudicar despotricando hasta contra el SME?

¿Es el anteponer

la experiencia sensible

a la que se pide en las páginas del periódico?

¿Es el levantarse cada día

en un eterno deja-vú

interrumpido por la ambarina claridad de los sábados

y las secuelas de los domingos?

 

Lo descubrí, en la pureza de escuchar

un “te-amo” en lengua purepecha

que quizás la vida,

la madurez auténtica es sólo canto.

Canto que está, cada día flotandi entre nosotros

sobre el carmesí que disfraza

la carne desnuda

del falso pudor de las ciudades,

sobre lo más sórdido de la guerra,

sobre la aparente felicidad

de la puta y del borracho,

sobre lo gris de los noticieros,

sobre lo pálido del desempleo,

sobre el negro de la desesperanza.

 

El canto de la vida, en mil idiomas disperso

puede oirse

si le arrancamos jirones de plata a la luna

y a modo de caracola,

traducir la cacofonía de la torre de Babel.

Si lo logramos,

quizás no seamos más “maduros”

pero sí más diferentes.

 

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.

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2000



(1)     ¿Dónde quedó la flor que emanaba de tus labios

al alba de la cosa de la cosa del pasado?

Sería pueril, amigo mío,

no empezar esta charla

(5)     sin hablar de quien fue Aranzani.

Quizás la mejor manera de hacerlo

es describirla como principio inmanente

de Oriente y Occidente

de rosa de los vientos,

(10)  de chispa que no se apaga,

espejo de luna y fragmentos de sol rociados

al vapor nihilista de la cotidianeidad.

La duda no tiene existencia en ella, pero tampoco la certeza

tal como aquel misterio inaccesible

(15)    cerrado con siete candados

ocho incertidumbres

y nueve curiosidades.

No tenía más tatuaje que el polvo de las estrellas

ni más vanidad que la existente en los granos de la mar

(20)   es el creer en un estallido, un poema, una paradoja,

en aquello que no se pierde aunque no pueda ser visto

aunque la chingada realidad

muchas veces se empeñe en ello.

¿Cuántos instantes- entre efluvios de alcohólico recuerdo

(25)     y olvidos de marca anónima y registrada-

son trazados hacia el ser-siendo-sido?

¿Cuándo dejaremos de jugar a ser arqueólogos del pasado

y meramente lamentar el presente?

(30)     Pregúntaselo a la pueril imagen de mi mismo

que llora frente al espejo de su casa y su realidad

-como quien ha perdido el más anhelado dulce del vivir-

a la edad de dieciséis años

se preguntaba, como ahora, aunque con menos argumentos y   aspavientos

(35)      sobre cuando, Aranzani, habría de volverte a ver.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.



El “vender” las humanidades

El “vender” las humanidades

Homero Francisco

La Paz, 22 de febrero de 2011

Quizás no descubra el hilo negro (y no es intención evidente hacerlo) cuando se habla de la enorme influencia que han ejercido las redes sociales –desde su influencia en aristas tan personales como las relaciones humanas hasta en últimas fechas en el orden geopolítico y social del mundo-La simple explicación salta a la vista del espectador moderno, ese demiurgo post-platónico que con una frase, un twit o un “me gusta” se configura una interpretación del mundo, y oferta a su otredad, al que está del otro lado de la pantalla una segunda navegación, un horizonte donde se pone en juego la levedad de la vida, expresada en las variadas maneras del lenguaje.

¿Cuál es la ventaja, la oportunidad que es inherente a los fenómenos de Facebook y Twitter? Mientras en medios como los blogs la interacción de una manera más bien mediata y no tan simultánea, en las redes sociales el debate se genera no solo en tanto que interacción, sino en términos de puntualidad, de juegos de lenguaje-parafraseando al buen Wittgenstein- y en un tiempo donde no hay antes ni después, sólo presente. ¿Esto no es similar a las andanzas peripatéticas de los grandes pensadores griegos por explicarse su realidad?; la característica de las ciencias humanas al respecto es que su indagación supone interacción que es, en la oralidad o en la escritura, de manera in-mediata y concisa; citando a Gadamer, hay textos que son susceptibles de hacerle preguntas (¡y hasta responderlas!), y por supuesto, de esta conversación, se espera una sensación de llenura metafórica, semejante a la producida por la satisfacción del alimento o la buena compañía. Y el “me gusta” o el twit no son tan ajenos a esta llenura, en tanto que se transforman en viandas dialécticas, en carnada donde el uno se inter-relaciona con el otro mediante la idea.

¿Cuál es entonces, la naturaleza de la transmisión de los conocimientos hoy en día? Actualmente se rompen lanzas mayormente por la inmediatez, por el aprendizaje gráfico sobre la sutil comprensión, el predominio de la forma sobre el fondo; obsérvese como ejemplo la manera en que se hacen los trabajos escolares- a los de nuestra generación y mucho antes correspondía el ceremonial de ir a la tiendita de la esquina por la monografía o la estampita de Benito Juárez, por decir algo, mientras que hoy el niño con la facilidad y la rutina del copy-paste ejecuta de diferente manera el mismo ceremonial- pero, ¿el proceso de comprensión y cuidado es igual? En una sociedad dominada por el laissez-faire (dejar hacer y dejar pasar) de la cotidianeidad es en apariencia natural; en vez de constituir un obstáculo para el ceremonial de la enseñanza-aprendizaje, esto supone una segunda navegación.

Desde el discurso llano de los primeros filósofos hasta la expresión escrita en voluminosos tratados, la filosofía y las humanidades se han “vendido” de diferente forma- dejando de lado la connotación peyorativa que podría sugerir la frase- en las diferentes etapas de la sociedad; ¿será la segunda navegación de las redes sociales, dada su característica de erigirse en interacción para llegar a dilucidar su entorno, una manera de hacer filosofía en pleno siglo XXI? Quizás Facebook y Twitter, sirvan, dado el impacto en fenómenos como la “revolución de los claveles” norafricana, como una útil y sutil herramienta para impulsar al joven a la corrupción más pura y bella: la socrática.

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De la lengua sudcaliforniana a la nueva tongue

Aquí en esta región del mundo, particularmente en las localidades pequeñas como Todos Santos, San Antonio o Pescadero, cuentan los ancestros que hasta hace poco había la costumbre de que los más viejos contaban con un espacio determinado dentro de la comunidad, donde lo mismo degustaban una taza de café de talega que se empapaban de las novedades y quebrantos de la región. Quizás de alguno de ellos salió un comentario que pudo interpretarse como viperino o de mal gusto, por lo que a este espacio de fraternal convivencia se le acabó conociendo como “la lengua”, donde se hablaba de todo y de todos.

Quizás no es un fenómeno muy visible hoy en día, pero si nos adentramos en los recovecos de algunas partes, aun puede verse a los viejos, muchos de ellos congregados en las franquicias “de la Lupe Camacho” o en los puestecitos amarillos del café Combate (lease con marcado acento choyero este punto), que, emulando las más delirantes visiones que harían palidecer de envidia a más de una academia platónica, desde las novedades del Peninsular o del Sudcaliforniano, o de cómo quedó el fútbol, o de los chismes de la comadre. Como en la tradición dialéctica griega, podrán parecer nimiedades que finalmente llevan a una concepción del mundo.

Mencionaba un profesor invitado del COLMEX (Guillermo Zermeño) desde su particular perspectiva de habitante de la ciudad de México, algo que llamó la atención del auditorio: que aquí, en la Baja, era el lugar idóneo para pensar, para dedicarse a la actividad intelectual o simplemente pasar un buen rato; en mi opinión, creo que un factor que ha permitido el desarrollo de esta característica tan particular de la zona se da a partir del lenguaje, puesto que a diferencia de muchas partes del país, el referirse a “el fulano” o “la zutana” no tiene una connotación peyorativa que quizás tendría el llamar así a alguien jerárquicamente superior o hasta inferior. Otro profesor de la universidad mencionaba en un trabajo que era un acercamiento a una identidad sudcaliforniana que otro factor de cohesión lo constituía nuestro particular concepto de sátira retratada en “la cura” o “la carrilla”.

Así, la pregunta sería: ¿es posible, desde la lengua, la cura o la carrilla desplegar un ejercicio de concepción del mundo? Recordemos que en la antigua Grecia y en muchas de las civilizaciones anteriores a la modernidad, no se contaba con los medios suficientes para saber con exactitud una explicación plausible de los fenómenos; desde la magia primero, y con el mito después, se trató de socavar esta inquietud. ¿Pero no presupone la intención del mito de explicar las cosas a su vez una deliberada persecución de dicha explicación mediante el desarrollo periférico de la racionalidad? La capacidad de imaginar, parafraseando a Gaos, permite a su vez la construcción libre de sistemas de conocimiento.

Actualmente, está en boga la tongue, de donde- recurriendo a la metáfora de “tongue” en su significado estricto de lengua como el organo que nos permite paladear los alimentos- a diferencia de nuestra tan choyera “lengua”- entendida como el oráculo local- los conceptos ya se encuentran masticados, y en muchos casos hasta digeridos están ya, dando lugar a una posición antagonista de las cosas. En la tongue no se mastican los acontecimientos con la dentadura de la duda, sino que se saborea sólo el bolo alimenticio de la historia y el horizonte “que se impone”, aunque muchas veces dicho bolo no nos sepa a nada.

¿Y en dónde está la tongue? La podemos ver en la reconstrucción parcial del horizonte político y social en ciernes en los medios, en la constante mutilación de la historia y las ideas (sirva como colorido ejemplo el reciente espectáculo del bicentenario presentado en esta ciudad ¿a quién rayos se le ocurre poner a Chespirito como prócer junto a Hidalgo, Juárez o Madero?) o en la retórica que sólo invoca a lugares comunes y corrientes. Volviendo a metáforas de la historia de México, en un post anterior señalé el riesgo de que se envistiera el individuo en niño héroe de una visión desfasada de su entorno y se arrojara envuelto en la bandera chovinista del choyerismo entendido como limitación desde un ficticio castillo de Chapultepec. Se me ocurre, verbi gracia, el manejo del lenguaje en las calcomanías de los suspirantes a diversos cargos de elección popular, donde lo mismo se habla de Baja California Sur como siglas que como un lugar “que se añora” o como una carrera de off-road o se cae en el pedantismo de hablar de La Paz como si fuera un libro construido por un demiurgo consciente.

Y aquí viene el nuevo papel que debería tener “la lengua” en la sociedad actual. La lengua, hecha ya no por ancianos que toman café de talega o hablan de los tiempos mejores, sino por sus sucesores, que seguramente a la salud de un frapucchino o de cualquier bebida espirituosa tomarán la iniciativa de hacer el ejercicio de ya no quedarse en el pasado, sino de trascender el presente y llevar a buen puerto desde el oasis de Herodoto (cito a otro profesor de la UABCS) una nueva manera de hacer sociedad y destino desde aquello que, citando a Ludwig Wittgenstein en el Tractatus: “Hay ciertamente, lo inexpresable. Se muestra, es lo místico”.

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1999

Quisiera que fueras más que un filosofema
y disolver mi memoria en tu cúmulo de sal
para así tú y yo volver a creer
que mañana volveremos a volar
con las raíces del presente
y del pasado.

Elevo multiplicidad de oraciones a un dios
que no está ni muerto ni resucitado
sino todo lo contrario
puesto que en el oráculo de la nostalgia
te transformas en mito eleusino
o en inmanente Sísifo.

Te recuerdo a la sombra de un floreciente laurel:
¿te acuerdas cuando creíamos que algo era posible?
entre burlas al mundo colérico
inclemente y cruel
sin más ojos para oir y oídos para ver
que los de la nada
representada en las notas de sociales
o en la vacuedad del channel número 5
o en los anuncios de ocasión que suplican orgasmos a gritos.

¡Lástima que dejaste de ser laurel
para convertirte en encina!
¿Cuando fue el día en que el verbo
dejó de ser para tí carne?
¿Qué maldita hora fue aquella
en que se desgastó la capacidad de metamorfosis?


Evocación de una mentira

(1) ¿De qué color son tus ojos?
Así se saludan en preludio
los arrebolados pescadores de estrellas
los que juegan a la luna con sus dardos
(5) y se bañan en agua de caracolas.
Pues no es un saludo común
puesto que indica éxtasis
más allá de la frialdad del mucho gusto
o lo corrosivo de un buenos días protocolario.
(10) ¿De qué color son tus ojos?
frase trillada de poetas
crisálida empapada de cotidianeidad,
de eruditos de barrio,
de peripatéticos de cantina
(15) y de musas del destino.
Pude haberte contestado
que mis ojos son verdes
o cafés
o azules
(20) o alguna otra tonalidad;
Pero a mis quince años
rompí mi virginidad en mentiras
y el sangrante y melancólico himen de mi boca
dijo que mis ojos eran
(25) del color del pensamiento.
Sin embargo, confieso
que hoy doy gracias
a la serpiente tentadora
que osó picar al Adán de la poesía
(30) y siguió de largo con la Eva de la fantasía.
Sólo así puedo jugar
(aunque esto suene a ironía)
al Dios creador
que de una costilla
(35) comenzara a construirte.

Historia de una fotografía

(1) Vacío en ti, te contemplo en un espejo

     impasible de angustias y colores pasados

      metáfora de momentos, crisálida pétrea,

      si nos es evidente que hubo pasado

 (5) es por la avenencia de un futuro.

       La blancura del espejo resalta en ti

       que hubo una vez una evidencia,

       que se vistió de negro un día de septiembre

       y quizás sonrió ante la cámara.

(10) Como onda diletante te esfumas como aura

        en el óxido de hace cuatro años

        y en el cloruro del día de ayer

        y en la mierda que será mañana.

        Yo, heme aquí, soy el único que se tomó la molestia

(15) de hacerte un altar,

         de cantarte glorias pasadas y presentes

         y de escribirte, ¡y he de hacerlo!

         de derramar en tinta y papel

         lo que fue, lo que pudo y lo que, creo yo,

(20) algún día será.

       Si te escribo, es por la justicia elemental

       que puede imprimirle a la vida

       un heroinómano de tí

       que escribe novelas de amor

(25) y que, como una sombra,

       aparece en la evidencia junto a Miss Septiembre

       vestido de protocolo antediluviano.

       Siéntate, ausente presencia,

       sírvete si quieres un café.

(30) siéntete como si ésta fuera tu casa,

       el baño no está al fondo a la derecha,

       con la condición de que me dejes platicarte

       una historia que pudo haber sido

       pero que de verdad fue.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.