Goethe en la sierra de la laguna (Respuesta a un catedrático de la UABCS)

Goethe en la sierra de la Laguna (Respuesta a un catedrático de la UABCS)

Homero Francisco

27 de marzo de 2011

El siguiente texto es un intento de respuesta a “La minería tóxica y el petate del muerto” publicado por el Dr. Alejandro Álvarez en el Sudcaliforniano el 22 de marzo de 2011. No voy a ahondar en responder directamente a los señalamientos que hace el autor, dado que la crítica y descalificación en este caso serían estériles…es mejor en este caso apostar a la metáfora que, a final de cuentas, es un arma de la que el ser humano no puede ser despojado.

Desde tiempos memoriables, se ha forjado en el corazón de cacto de nuestra media península una identidad amalgamada entre los pueblos originarios y los grupos colonizadores provenientes del antiguo mundo; sobreviviente de esta fusión nació el ranchero sudcaliforniano. En una época donde el recorrer del tiempo era tan leve como el suspiro más elemental y el espacio era meramente simbólico, el ranchero, en vez de proferir las clásicas higas de quien se queja de la lejanía y de lo monótono, erige en realidad la máxima con la que inicia la exégesis del Fausto de Goethe en las sagradas escrituras: “En el principio era la acción”.

Y no sólo fue en el principio la acción, sino que fue continuación y causa de la consolidación de una visión del mundo, cuya consecuencia fue una identidad, que por supuesto no fue ajena a la modernidad como se podría suponer; la ascensión de los hijos putativos de la revolución industrial, -temporáneos pegasos de petróleo y electricidad- supuso mas bien una oportunidad, una re-ingeniería de su realidad; pero ¿qué pasa cuando los medios de los que se ha servido constituyen una amenaza latente para él?

Imaginemos de repente el siguiente cuadro: un ranchero dedicado a las faenas propias junto con su ganado (BCS es más una región ganadera que agrícola, dadas las condiciones climáticas) es estremecido por una serie de explosiones originarias del corazón de cacto, metafóricos ayes de una tierra que clama piedad… ¿cómo asumiría esta repentina transformación de su paisaje, en tanto que esta se da de una manera casi abortiva y violenta? No sólo se pone en juego el ser, sino también el tiempo parafraseando a Heidegger. Para el habitante de la ciudad es casi como parte de su tren de vida el constante cambio, lo disoluto, lo que es líquido y por eso se escapa a veces de las manos… pero, ¿y el ranchero? ¿En qué posición quedaría? Tomando prestado de nuevo a Goethe, quizás sería como la pareja de ancianos despojada por obra y gracia de Mefistófeles de su choza, de su diferencia ante la homogeneidad impuesta de nuevo por un Fausto ávido de poder, traspasando toda metafísica posible.

¿Estaría en peligro la sierra de la Laguna ante este panorama? Sin duda, ya que se debate seriamente sobre las repercusiones ambiéntales del polémico proyecto Concordia-PA, pero hay un riesgo mucho más grave que el de la pérdida del espacio físico: la extinción de un horizonte, forjado a la manera de los primeros Adán y Eva que surgió de las entrañas de esta Baja California Sur, y que, al igual que con la desaparición de las convergencias impuesta por el salvajismo capital, se llevaría algo más significativo: una diferente manera de ser humanos.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.

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One response to “Goethe en la sierra de la laguna (Respuesta a un catedrático de la UABCS)

  • AStiller0

    La realidad despiadada nos hace jugar todas nuestras cartas y no tenemos ni una. El mundo globalizante nos ataca e irrita con substancialidades extrañas y no poseemos alguna. El entorno nos trae mensajes con pulsos y temperaturas que le imprimen otros a las corrientes marinas y nosotros no desembolsamos ninguna vibración comunicativa; así no se puede hacer frente a lo nuevo ni tampoco lo que nos venden como antiguo se enzarza en lo que nosotros queremos que sea.

    Si bien deseamos incrustarnos en el tren de lo moderno habremos de hacerlo inteligentemente, con sobrada capacidad de análisis que otorga la distancia y, sobre todo arropados, en el sable que tenemos en ese tiempo californiano que es infinitamente más aletargado que en otros lugares, haciendo parecer como si la California flotara en una esfera, aparte de la achatada celeste, que con su rotación elabora su paginación de los momentos terrícolas.
    Reinancias de independencia natural son éstas pues que deben ser aprovechadas.

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