La fiesta y las pretensiones políticas ante la caída de Madero- La fiesta 3.11.10 (Christian)

A fines de 1912 o principios de 1913 un observador superficial podría haber tenido la impresión de que el movimiento maderista había consolidado en lo fundamental su control sobre el país. Los intentos golpistas de Bernardo Reyes y Félix Díaz habían sido dominados y Pascual Orozco ya no presentaba un peligro serio; la insurrección zapatista, aunque seguía desarrollándose con toda la fuerza, sólo afectaba a una parte relativamente pequeña de México.

Si bien el hecho de que el régimen de Taft estuviera ya en sus últimos días puede explicar el entusiasmo de Taft por derrocar a Madero, también explica la renuencia manifestada por Knox en relación con el plan.

La reticencia de Knox se vio fortalecida por la buena disposición de Lascuráin a complacer al gobierno norteamericano, demostrada durante su visita a los Estados Unidos, disposición que fue estimulada por las amenazas de intervención. La política del gobierno norteamericano en las cruciales semanas que siguieron a este intercambio de informes durante las cuales Henry Lane Wilson desempeñó un papel decisivo en el derrocamiento de Madero, puede ser el mejor indicio de la verdadera actitud de Taft.

 

La Decena Trágica

En enero de 1913 se organizó una nueva conspiración contra el gobierno de Madero, una conspiración en la cual los grupos conservadores rivales lograron unirse por primera vez y enterrar, por lo menos temporalmente, sus diferencias.

El mismo Madero y su gobierno habían salido ilesos de los acontecimientos, pero pronto se vieron obligados a tomar decisiones cruciales. Madero podía agrupar en torno suyo a las fuerzas revolucionarias que aún estaban sobre las armas y proclamar el cumplimiento de las exigencias revolucionarias; con ello hubiera recobrado por lo menos una parte de su popularidad, y hubiera estado probablemente en condiciones de aniquilar a las fuerzas de Díaz.

En la víspera del golpe propuesto, el 8 de febrero, según informó un confidente de Félix Díaz a cierto diplomático inglés, un emisario de Huerta “fue encargado de entrevistarse con el general Díaz con vistas a llegar a algún arreglo, pero las propuestas eran tan distintas de ambas partes que resultó imposible llegar a un acuerdo”.

Pero el 9 de febrero, después que Madero lo había colocado en un puesto donde su poder era decisivo, Huerta estaba en una situación muy distinta frente a los rebeldes y podía reiniciar las negociaciones desde una posición de fuerza.

Madero obviamente no conocía estos hechos, pero en vista de los antecedentes de Huerta es difícil comprender por qué no tuvo dudas para reinstalar al general, en febrero de 1913, en un puesto todavía más importante que el que había ocupado antes.

Los diez días que mediaron entre el levantamiento y el final de la “guerra falsa” se conocen en la historia mexicana como la “Decena Trágica”. La expresión “guerra falsa” sólo es acertada en lo que se refiere al hecho de que Huerta no estaba combatiendo con el objeto de derrotar al movimiento de Díaz.

El embajador Wilson intervino de manera decisiva en estos acontecimientos, en parte secretamente y en parte abiertamente. Su actividad secreta consistió en establecer contacto tanto con Félix Díaz como con Huerta, y en hacer todo lo posible por concertar un acuerdo entre los dos para el derrocamiento de Madero.

El carácter abierto de la actividad de Henry Lane Wilson perseguía el objetivo de desacreditar al gobierno de Madero por medio de amenazas y protestas, tanto en el país como en el extranjero, aislarlo de sus partidarios y finalmente obligarlo a renunciar.

Wilson encontró su mayor apoyo en el representante alemán en México, contraalmirante Paul von Hintze, y a el dedicó sus más cálidos elogios: “Después del primer encuentro que tuvimos, me formé un juicio muy favorable del almirante von Hintze, y no tuve ningún motivo para cambiar este concepto.

Aunque cada vez se filtraba más noticias acerca de la conspiración, la ciega confianza de Madero en el antiguo ejército porfirista y en sus jefes no pudo ser quebrantada. La noche del 17 de febrero, el hermano del presidente, Gustavo Madero, quien por medio de un amigo se había enterado de las reuniones entre Díaz y Huerta, detuvo a Huerta y lo llevó a las dos de la mañana con el presidente. El general se defendió aludiendo a su fidelidad y sus servicios cuando reprimió la rebelión orozquista, y prometió tomar medidas decisivas contra los rebeldes al día siguiente. Madero reprendió a su hermano, dejó en libertad a Huerta y le dio un plazo de 24 horas para probar su lealtad.

Mientras Madero se expresaba con tanto optimismo ante Hintze, la conspiración entraba en su última fase. El mismo día por la mañana, Huerta indujo a un grupo de senadores a que le pidieran a Madero que renunciara. Como éste se negó a acceder a esta exigencia. Huerta lo hizo detener por sus tropas a las 13.30 horas. Una hora más tarde, Hintze se dirigió a la embajada norteamericana a solicitud de Wilson.

La tarde del 18 de febrero, Wilson invitó a Huerta y a Félix Díaz a la embajada norteamericana.

Esto no significa que Wilson se proponía permitir que los dos participantes negociaran sin su intervención. Aunque favorecía a Félix Díaz, el embajador estaba convencido de que por el momento la única solución viable era que Huerta asumiera la presidencia.

En última instancia, la decisión acerca del destino de Madero dependía del embajador norteamericano. Hintze hizo contar que “la victoria de la reciente revolución es obra de la política norteamericana. El embajador Wilson realizó el golpe de Estado de Blanquet y Huerta; él mismo se vanagloria de ello”.

El 20 de febrero, Hintze fue a ver a Wilson y le expresó su preocupación de que el nuevo gobierno pudiera asesinar a Madero.

Hintze insistió y advirtió a Wilson que la ejecución de Madero significaría una violación del pacto acordado y además una mancha sobre su actividad en esta revolución.

El 22 de febrero Madero y Pino Suárez fueron sacados de sus celdas, diciéndoles que se les iba a trasladar a otra prisión, y se les asesinó en el camino. Se anunció oficialmente que el presidente y el vicepresidente habían sido muertos durante su traslado del Palacio Municipal a la prisión durante un intento de sus partidarios por liberarlos.

El mantenimiento del ejército federal, al cual accedió Madero en las negociaciones de paz que tuvieron lugar en 1911, fue la principal causa de su caída. Ningún gobierno en toda la historia de América Latina que haya intentado llevar a cabo una transformación social logró hacerlo sin destruir antes al ejército existente.

A fin de cuentas el fracaso de Madero representó el fracaso de la clase social a la cual pertenecía y cuyos intereses consideraba idénticos a los de México: los hacendados liberales.

No sólo Madero sino todos los dirigentes revolucionarios provenientes de esta clase, fueron finalmente derrotados por razones semejantes. Todos ellos habían llamado a los campesinos a rebelarse en su favor y todos se volvieron en contra de sus aliados cuando éstos exigieron que se llevara a cabo una reforma agraria en gran escala. Fue primordialmente su temor a las demandas campesinas lo que llevó a Madero a mantener intacto el ejército federal.

(Créditos:

Christian- Lic. en Historia 7mo. semestre UABCS)

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