Archivo mensual: noviembre 2010

Avance del programa de radio 26.Noviembre.2010

Avance del programa de radio 26 de noviembre 2010.

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La lectura como fiesta y antídoto de la fiesta- La fiesta 3.11.10 (Mehdi)

1. CONCEPTO DE FIESTA Y SIGNIFICADO SEGÚN EL TÍTULO

Antes de empezar con esta ponencia, es preciso conceptualizar y puntualizar el término “fiesta”. Basándome en la historia del Tractatus de Ludwig Wittgenstein acerca del lenguaje, no me ayudaré del Diccionario de la Real Academia Española puesto que dicho término quedaría falto de todo sentido tanto filosófico como lingüístico, o como diría el mismo Wittgenstein del segundo Tractatus: “El significado de una palabra es su uso”.  Algunas disciplinas, como la Filosofía del Lenguaje, nos han abierto muchos horizontes para esclarecer algunos vocablos que la misma lengua no ha podido dar a conocer.

Claudia Macías Rodríguez en su ponencia “La fiesta: preservación de la cultura popular en América Latina.” afirma que Miguel Roiz opina que:

La fiesta es un fenómeno social comunicativo, una serie de acciones y significado de un grupo, expresados por medio de costumbres, tradiciones, ritos y ceremonias, como parte no cotidiana de la interacción, especialmente a nivel interpersonal, caracterizadas por un alto nivel de participación.

También nos insiste en el término citando a Humberto Eco diciendo que:

La fiesta es un sistema de signos, un fenómeno de comunicación, en donde se transmiten significados de diversos tipos […] que le dan un carácter único o variado, y en los que la práctica festiva, de goce e incluso orgía se entremezclan con la práctica religiosa o mágica, cumpliendo determinadas finalidades culturales básicas para el grupo.

Incluso en algunas obras, sobre todo de autores latinoamericanos en que la fiesta es un evento identitario, se aprecian pasajes o hasta títulos que poseen connotación festiva. Tales son “La fiesta de las balas” en Al filo del agua de Agustín Yáñez, influyendo, tal vez, en Octavio Paz en “Todos Santos, Día de Muertos” perteneciente al libro de ensayos de El laberinto de la soledad.

Martin Heidegger compara la fiesta (el evento) con la obra. El hombre, en este caso de Heidegger, el artista es el origen de la obra, la obra no es obra sin el artista. Lo mismo pasa con la relación del hombre con el evento, la fiesta no es tal sin la presencia del hombre aunque con la interacción con otros hombres aunque de manera grupal. Heidegger nos hace entender que la fiesta es un evento donde el individuo deja de ser individuo y se dispersa en la multitud. Ya no existe la relación del individuo con el otro individuo, sino un nosotros frente a un vacío, frente a un nada.1 Se puede entender esta relación si hubiera habla como afirma Hölderlin, donde haya diálogo e intercambio de “mirada” como vamos a ver más adelante con Jean Paul Sartre.

1: Este párrafo relacionado con Heidegger fue sacado de Aportes a la filosofía. Acerca del evento (Traducción de Dina Picotti, Almagesto y Biblos) de Martin Heidegger, Buenos Aires, 2003, pp.110-111

Por lo tanto, en la ponencia que les voy a presentar, intentaré abordar una parte de la fiesta aunque como calidad de reunión intelectual, una especie de comunión y “fusión de horizontes” según Gadamer aunque como canal para llegar a ustedes: “Sentirse solo no es sentirse inferior, sino distinto”.2

2: SALGADO, Dante, Camino de ecos. Introducción a las ideas políticas de Octavio Paz, México D.F., Ed. Praxis, 2002, p.6.

2. LA LECTURA COMO AMISTAD

No quiero que esto que diga aluda a alguien o algo que llame la atención del oyente. Por lo tanto, rescato una cita de Mallarmé:

Nombrar un objeto es suprimir las tres cuartas partes del goce del poema que está hecho de adivinar poco a poco: sugerirlo, de ahí el sueño. Es el perfecto uso de ese misterio el que constituye al símbolo.3

Mallarmé, al igual que Quevedo, sabía cómo jugarle al lector. Creo que esta regla se puede adaptar a los otros géneros literarios como es el caso del ensayo de carácter literario. Lo mismo puede pasar con la intencionalidad de un texto. Es el lector, o en este caso el oyente, que debe averiguar el lenguaje en que el exponente cita las cosas para que ése (el oyente) no caiga en un laberinto de Babel. Como dice el mismo Mallarmé:
“Frente al papel el artista se hace”4, así se forja la calidad de un humanista frente a las ideas.

Recuperando un poco el tiempo perdido, Marcel Proust afirma que “la lectura est une amitié”. La lectura fomenta la conciencia de la existencia del otro, de una ilusión de encuentro o reencuentro a través de “le regard”, según Jean Paul Sartre, o la mirada. Una mirada hacia el otro no como otro sino como yo, una mirada de complicidad y aceptación, una mirada sin prejuicios ni perjuicios. Conocer al otro para Sartre es conocerse a sí mismo, por lo tanto, aceptar al otro es de un modo u otro aceptarse, aceptarse no como uno; sino en la mirada sincera y de aceptación del otro.

3: REY, Jean-Michel, Paul Valéry: La aventura de una obra, Madrid, Ed. Siglo veintiuno de España Editores, 1997, p.69

4: Ibíd., p.52

La amistad es un proponerse a ponerse de acuerdo, un tender puentes para fines comunes. Como ocurre en el círculo hermenéutico, el autor entrega para el lector su misión y tiende a desaparecerse: “Entre la obra y el autor se interpone un elemento que los separa: el lector.”5 El libro, por vía del autor, es un refugio donde moran nuestros ideales que nos sugieren cómo actuar en determinadas situaciones, y muchas veces, cómo ser.

Mario Benedetti afirma que “Uno lee y relee. Cuando lee mucho, suele olvidarse de los títulos pero no de los personajes.”6 En mi vida personal, Alonso Quijano me ha inculcado el fervor por la lectura, recordando un poco a Cervantes que decía que “leía hasta los papeles rotos de las calles”. Pero, un tal don Quijote también me ha ayudado con sus quijotadas a cruzar el Atlántico, el Golfo de México y el de California para estar hoy aquí entre sus ojos y la pared. En este instante, ustedes deciden qué hacer conmigo. Estoy entre la aceptación y el rechazo aunque a veces nos dé una cierta nostalgia cortesana la segunda opción.

El Dr. Humberto González Galván afirma, recordando a Bachelard, la difusión de la palabra a través de la radio. Quien habla a través de la radio es escuchado por desconocidos, extraños y vacilantes entre simpatizantes y pseudo-enemigos. Uno se olvida de ese alguien y es guiado por su voz y su lucidez. Todos debemos cargar con este destino. Una conferencia es todo lo contrario. Conferencia viene del verbo “conferir” que significa conceder, otorgar, agraciar.

5: PAZ, Octavio, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, México D.F., FCE, 1994, pp.19-20

6: BENEDETTI, Mario, Vivir adrede, México D.F., Alfaguara, 2008, p.13.

El conferenciante no sólo concede una plática a los oyentes, sino que les concede, una mirada de aceptación, una amistad. Ahí mismo, al estilo de don Quijote cuando fue in extremis armado caballero, los presentes toman posesión de ese “regalo para regalar7 y compartir.

Un bien, en este caso la biblioteca o la misma universidad, es algo para compartir, no para partir y repartir.

Recordemos al inmortal Borges que aprendió alemán para leer a Schopenhauer, Cansinos-Asséns que aprendió árabe para traducir el sublime libro de Las Mil y una noches, y Héctor Bianciotti que aprendió francés para leer a Paul Valéry.

Yo, en cambio, que también aprendí francés, prefiero el español a pesar de lo torvo que puede llegar a escucharse la palabra “pájaro” frente a la palabra dócil y dúctil  en francés “oiseau”. Como bien dijo Borges: “Mi destino es la lengua castellana”.

Los libros acaban por elegirnos el destino: “Ojalá seas el lector que este libro aguardaba8. “Ningún hombre sabe quién es9 efectivamente, pero, también, somos “el eco de otros que en el pasado [nos] antecedieron […] [y] el fiel presagio de otros que en el futuro [se] repetirán hasta el vértigo.10

7: GONZÁLEZ GALVÁN, Humberto, Radio y filosofía: tradición y juego de espejos. Conversaciones filosóficas: tragedia., La Paz, UABCS, 2006, p.9

8: BORGES, Jorge Luis, Biblioteca personal, Madrid, Alianza, 2000, p.8

9: [s.n], Tres homenajes: Rimbaud Borges Ibargüengoitia, México D.F., UABCS, 2002, p.72

10: BORGES, Jorge Luis, Narraciones, Pamplona, Ed. Salvat, p.46

Tal vez, lo que en estos instantes estoy ensayando haya sido el cíclico intento de todos los que hoy hablan en mí.

3. LA BIBLIOTECA COMO CENTRO DE COMUNIÓN

Para Platón, pensar es recordar; por lo tanto, voy rescatando ideas que considero mías más tropiezo con ellas a lo largo de mis infinitas búsquedas. Buscar es un volver a comenzar, es como el río para Heráclito que siempre es el mismo y distinto.

Borges, con una grandiosa humildad, nos deja esta cita: “Uno no es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.”

Pienso en Platón y evoco la biblioteca de Alejandría y el surgir de un nuevo héroe griego que bajo su almohada tenía La Ilíada y su espada. Pienso en la biblioteca de Pérgamo y la etimología del término “pergamino”. Pienso, sin dudar ni descartar nada, en la biblioteca de Córdoba y el esfuerzo hermenéutico de Averroes al estar adaptando la realidad del Teatro al pensamiento árabe. Pienso en la biblioteca de Bagdad y el cruel alfanje de Genkis Khan. Pienso en la biblioteca de Granada y la codicia retrógrada del Cardenal Cisneros, el mismo que bendijo los primeros evangelizadores con la llegada de Colón al continente americano.

En la Biblioteca Pública de Toledo se encuentra un Codex Miscellaneux del siglo XI escrito en latín afirmando que:

El libro es lumbre del corazón, espejo del cuerpo, confusión de vicios, corona de prudentes, diadema de sabios, honra de doctores, vaso lleno de sabiduría, compañero de viaje, criado fiel, huerto lleno de fruto, revelador de arcanos, aclarador de oscuridades. Preguntando responde, y mandando anda deprisa, llamado acude presto, y obedece con facilidad.11

11: [s.n], Impresiones sobre el Quijote, Granada, Junta de Andalucía, 2006, p.73

Hoy, pasados diez siglos, ¿qué es un libro? ¡Eliminemos, todos, esa cortina subjetiva! Sin esa imagen caleidoscópica nuestra, a eso queda reducido hoy el libro. Hombres vestidos de Genkis Khan, Cisneros y Cervantes (aunque de manera satírica) conmemoran la quema de los libros y la aniquilación del pensar como ejercicio puramente consciente, libre y autónomo.

Los libros de caballería estaban muy de moda antes del Barroco. Lo mismo podemos hacer nosotros, los humanistas, pero con los libros que están incluidos en el Programa, que nos piden los maestros casi suplicando, y no leemos.

Imaginemos si no existiera el bibliotecario Alonso Quijano, este artificio grande que es el Quijote sería un quijotismo. Todos somos don Quijote que a pesar de la quema de la biblioteca de Alonso Quijano (su alter-ego o el Pangloss de Voltaire) pudo salir a difundir la palabra y la justicia caballerescas.

El cierre de una biblioteca no significa ni debe significar un hasta aquí hemos llegado, una especie de ruptura reflexiva y crítica, sino una vuelta al modelo de la inquisición y la censura. Ante la censura, la demanda de los libros y la actividad de la lectura es donde conocen un momento de cúspide y esplendor. Aprovechemos, entonces, este instante de oscurantismo y patrioteros, dedicándonos a la tarea del humanista que es leer, reflexionar y pensar. A los políticos les pertenece la política; a nosotros, la lectura y los libros.

Pienso particularmente en el admirable Miguel León Portilla, al pensar en él ya estoy dando las gracias a nuestro maestro Dante Salgado. Esto es lo que nos enseña los libros, estar agradecido a alguien por habernos ayudado a descubrir a un autor. A través de la lectura nace la amistad. Todos perseguimos poblar nuestra soledad, o bien afirma el poeta Carlos Monsiváis: Cuando uno lee ya no está solo. Leer es dialogar y cuando se dialoga la soledad se declara abolida.”

Cuando Portilla recibió la Medalla “Belisario Domínguez” esto nos dejó: “A hombres de libros y estudio debemos la independencia12. Cuatro páginas después, vuelve a dejarnos: “Tierra de libros, mucho es lo que los mexicanos debemos aprender en ellos13.

A pesar de los conflictos a lo largo de la historia entre el mito y el logos, la religión y el saber son y han sido siempre las dos caras de la misma moneda. Mientras el templo o el mausoleo es el lugar predestinado a los creyentes; la biblioteca es el centro de comunión de los humanistas que son monjes, disconformes con la situación preponderante y el medio, refugiándose en la palabra.

La mayoría de nosotros cuando acude a la biblioteca es que busca algo, necesita algo, carece de algo que complemente el todo. Sin embargo, algunos van en busca (creo) de un alguien “que les dé plena existencia” como bien afirmó el admirable y problemático Octavio Paz.

12: PORTILLA, Miguel León, México: De su historia, penurias y esperanzas, México D.F., Ed. El Colegio Nacional, p.28

13: Ibíd., p.32

Nosotros, los humanistas, que desconocemos quiénes somos, vamos en búsqueda de ese ancestro onírico, ficticio, mítico e inmortal.

Elijamos, pues, el Quijote. Es peculiar y alarmante la experiencia que les voy a compartir.

Existen muchas obras que si no están acompañadas por sus autores, no parecen las mismas. Decir, por ejemplo, El túnel de Sábato y Sobre Héroes y Tumbas, la balanza puede caer definitivamente en la segunda opción.

No obstante, existen otras obras, que son escasas, que no necesitan la amistad de sus autores. Unas de ellas son el mismo Quijote, El aleph, Ficciones y otras pocas por ahí, aunque no olvidando el misterioso caso de Las Mil y una noches.

Tomando el caso del Quijote y fijándonos nada más en la parte del título que dice “ingenioso”. Quiero destacar, sobre todo, el ingenio de la contradicción. En el idioma francés, este término es llamado de dos maneras: la traducción de la palabra “malentendido” y lo que sería la evolución del vocablo “quid-pro-quo”.

Cervantes, a lo largo de todo el Quijote, y tal vez, también, en sus Novelas Ejemplares, ha ido coleccionando verdaderos quid-pro-quos y paradojas. Hasta el mismo Cervantes es la historia de la paradoja.

Desde que tengo uso de razón (y me refiero a mi acceso a la universidad) he intentado por todos los medios renegar del Quijote, de Cervantes y los literatos del Siglo de Oro español. Después, me di cuenta que renegar del Quijote y de Cervantes era renegar de España y una gran parte de la historia de Marruecos y del mundo árabe y la cultura islámica. Renegaba, también, de las mazmorras de Tetuán, el Río Martin y Berbería.

Renegar de Cervantes, en resumidas palabras, es renegar de una gran parte de la historia de la literatura universal. Pienso en el Quijote y recuerdo La muerte de Artemio Cruz sin tener que pensar en Carlos Fuentes.

Octavio Paz mucho nos ha enseñado. Hace dos años, vi una entrevista suya  cuando recién había recibido (creo) el Premio Cervantes y recuerdo que había dicho que los mexicanos no tenían que odiar o aborrecer a Cortés por el mero rechazo, sino comprenderlo. Paz también fue un hombre contradictorio. El maestro Dante Salgado lo refleja pormenorizadamente en Camino de ecos: Introducción a las ideas políticas de Octavio Paz.

Ésta es la tarea y el destino del humanista y del intelectual: ser contradictorio. “Nietzsche supo que en sí mismo era contradictorio”14, juzgaba en aquel entonces un Paul Valéry rígido y patéticamente fiel a sus ideas y conceptos.

Un proverbio francés dice: “El que no avanza recula”. Avanzar en términos de Humanidades es pensar, reflexionar y criticar: “Una sociedad que ensaya, es una sociedad que piensa.”15

14: REY, Jean-Michel, op.cit, p.86

15: SALGADO, Dante, op.cit, p.9

Les cito este proverbio y este homenaje del maestro Dante al pensamiento y la cultura franceses y recuerdo a José Ortega y Gasset que a su vez tomó ideas de Francia a raíz de la crisis noventayochista:

[…] Hemos sido arrojados en nuestra vida y, a la vez, eso en que hemos sido arrojados tenemos que hacerlo por nuestra cuenta, por decirlo así, fabricarlo. O dicho de otro modo: nuestra vida es nuestro ser. […]

[…] tenemos que decidir lo que vamos a ser […].

[…] vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser. ¿No perciben ustedes la fabulosa paradoja que esto encierra? ¡Un ser que consiste más en lo que es, en lo que va a ser; por tanto, en lo que aún no es.”16

Como he señalado anteriormente, el humanista está en un conflicto duradero. No todos vamos a ser Borges y refutaremos el tiempo. Somos mortales y la esperanza de no despertarnos mañana, nos hace actuar en el hoy como si fuera un para siempre. Por lo tanto, somos inmortales aunque no a la manera de Borges, sino a la creencia distorsionada e imperfecta de la refutación de Borges. Cada uno posee su propia experiencia hermenéutica y este diálogo a tres voces como bien dice Roland Barthes se vuelve un coloquio de infinitas y desconocidas voces: Leer el Quijote es leer el Amadís de Gaula, Tirant Le Blanc y todos los libros de caballería que perecieron como la biblioteca de Alejandría.
16: ORTEGA Y GASSET, José, ¿Qué es filosofía? Apud. BONILLA GÓMEZ, José Eduardo y NAVARRO CRUZ, Ruth, Ética y valores I (Apegado a la Reforma Integral de la Educación Media Superior basada en Competencias), México D.F., Compañía Ed. Nueva Imagen, p.15

Todos llevamos la carga y el eco de nuestros alter-ego, el que nos moviliza y nos motiva, el que nos hace reflexionar y nos mira sin estar delante de un espejo o leyendo a Borges.

EPÍLOGO

La lectura es la toma de consciencia y el regreso del/al pasado. No somos nosotros los que regresamos al pasado, sino viceversa: “[…] el sujeto del acontecer de la experiencia no es el sujeto humano sino la movilidad de la propia experiencia […]”(Hans-Georg Gadamer, Verdad y Método, p.26)

¿Se puede realmente llegar a una conciliación total de dos puntos de vista divergentes a través del lenguaje, a esta visión totalizadora, considerando que cada lenguaje, cada discurso, de cada individuo es un mundo, contiene desde su herencia familiar hasta su cultura misma?

Esto me preguntaba un amigo. Pensando en la figura de Ludwig Wittgenstein ya tenemos la respuesta de cómo en un mismo individuo no se puede dar la conciliación de dos puntos de vista. Gadamer se conforma con transmitirnos que “comprender lo que alguien dice es […] ponerse de acuerdo en la cosa, no ponerse en el lugar de otro y reproducir sus vivencias.”17

Como yo también “soy el tema central de esta ponencia”18, no busco simpatías de ningún tipo. El ensayo está para reflexionar, pensar y criticar lo que a diestra y siniestra estoy creyendo que es verdad:

[…] la esencia de la Poesía es la instauración de la verdad. La palabra instaurar la entendemos aquí en triple sentido: instaurar como ofrendar, instaurar como fundar e instaurar como comenzar.19

17: GADAMER, Hans-Georg, Verdad y método I, Salamanca, Ed. Sígueme, 2003, p.461

18: SALGADO, Dante, El ensayo. Ensayística de Paz, La Paz, UABCS, 2005, p.40

19: HEIDEGGER, Martin, Arte y poesía (Trad. Samuel RAMOS), México D.F., FCE, 2001, p.114

Prefiero la tercera opción. Pensando y reflexionando es cuando se comienza con otra era: “La tradición de la ruptura”20.

La biblioteca es el fiel reflejo de nuestro pasado, acabar con la biblioteca es poner fin a nuestra característica ontológica con que estamos hechos:

Los hombres aman el pasado y contra ese amor nada puedo ni pueden mis verdugos, pero alguna vez habrá un hombre que sienta como yo, y ése destruirá mi muralla, como yo he destruido los libros, y ése borrará mi memoria y será mi sombra y mi espejo y no lo sabrá.21

Lo más esperanzador es lo diferentes que somos. “[…] el habla es el medio para llegar uno al otro” 22. Es exactamente lo que estoy intentando ensayar. La cuestión es la mirada de ustedes.

20: SALGADO, Dante, Brevísima relación de la idea de amor en Occidente, La paz, UABCS, 2008, p.149

21: BORGES, Jorge Luis, Nueva Antología Personal, Barcelona, Bruguera,  p.242

22: HEIDEGGER, Martin, op.cit, p.134

(CRÉDITOS:

Mehdi Mesmoudi Padinha,

1er. semestre tronco común de Humanidades UABCS)


La fiesta y las pretensiones políticas ante la caída de Madero- La fiesta 3.11.10 (Christian)

A fines de 1912 o principios de 1913 un observador superficial podría haber tenido la impresión de que el movimiento maderista había consolidado en lo fundamental su control sobre el país. Los intentos golpistas de Bernardo Reyes y Félix Díaz habían sido dominados y Pascual Orozco ya no presentaba un peligro serio; la insurrección zapatista, aunque seguía desarrollándose con toda la fuerza, sólo afectaba a una parte relativamente pequeña de México.

Si bien el hecho de que el régimen de Taft estuviera ya en sus últimos días puede explicar el entusiasmo de Taft por derrocar a Madero, también explica la renuencia manifestada por Knox en relación con el plan.

La reticencia de Knox se vio fortalecida por la buena disposición de Lascuráin a complacer al gobierno norteamericano, demostrada durante su visita a los Estados Unidos, disposición que fue estimulada por las amenazas de intervención. La política del gobierno norteamericano en las cruciales semanas que siguieron a este intercambio de informes durante las cuales Henry Lane Wilson desempeñó un papel decisivo en el derrocamiento de Madero, puede ser el mejor indicio de la verdadera actitud de Taft.

 

La Decena Trágica

En enero de 1913 se organizó una nueva conspiración contra el gobierno de Madero, una conspiración en la cual los grupos conservadores rivales lograron unirse por primera vez y enterrar, por lo menos temporalmente, sus diferencias.

El mismo Madero y su gobierno habían salido ilesos de los acontecimientos, pero pronto se vieron obligados a tomar decisiones cruciales. Madero podía agrupar en torno suyo a las fuerzas revolucionarias que aún estaban sobre las armas y proclamar el cumplimiento de las exigencias revolucionarias; con ello hubiera recobrado por lo menos una parte de su popularidad, y hubiera estado probablemente en condiciones de aniquilar a las fuerzas de Díaz.

En la víspera del golpe propuesto, el 8 de febrero, según informó un confidente de Félix Díaz a cierto diplomático inglés, un emisario de Huerta “fue encargado de entrevistarse con el general Díaz con vistas a llegar a algún arreglo, pero las propuestas eran tan distintas de ambas partes que resultó imposible llegar a un acuerdo”.

Pero el 9 de febrero, después que Madero lo había colocado en un puesto donde su poder era decisivo, Huerta estaba en una situación muy distinta frente a los rebeldes y podía reiniciar las negociaciones desde una posición de fuerza.

Madero obviamente no conocía estos hechos, pero en vista de los antecedentes de Huerta es difícil comprender por qué no tuvo dudas para reinstalar al general, en febrero de 1913, en un puesto todavía más importante que el que había ocupado antes.

Los diez días que mediaron entre el levantamiento y el final de la “guerra falsa” se conocen en la historia mexicana como la “Decena Trágica”. La expresión “guerra falsa” sólo es acertada en lo que se refiere al hecho de que Huerta no estaba combatiendo con el objeto de derrotar al movimiento de Díaz.

El embajador Wilson intervino de manera decisiva en estos acontecimientos, en parte secretamente y en parte abiertamente. Su actividad secreta consistió en establecer contacto tanto con Félix Díaz como con Huerta, y en hacer todo lo posible por concertar un acuerdo entre los dos para el derrocamiento de Madero.

El carácter abierto de la actividad de Henry Lane Wilson perseguía el objetivo de desacreditar al gobierno de Madero por medio de amenazas y protestas, tanto en el país como en el extranjero, aislarlo de sus partidarios y finalmente obligarlo a renunciar.

Wilson encontró su mayor apoyo en el representante alemán en México, contraalmirante Paul von Hintze, y a el dedicó sus más cálidos elogios: “Después del primer encuentro que tuvimos, me formé un juicio muy favorable del almirante von Hintze, y no tuve ningún motivo para cambiar este concepto.

Aunque cada vez se filtraba más noticias acerca de la conspiración, la ciega confianza de Madero en el antiguo ejército porfirista y en sus jefes no pudo ser quebrantada. La noche del 17 de febrero, el hermano del presidente, Gustavo Madero, quien por medio de un amigo se había enterado de las reuniones entre Díaz y Huerta, detuvo a Huerta y lo llevó a las dos de la mañana con el presidente. El general se defendió aludiendo a su fidelidad y sus servicios cuando reprimió la rebelión orozquista, y prometió tomar medidas decisivas contra los rebeldes al día siguiente. Madero reprendió a su hermano, dejó en libertad a Huerta y le dio un plazo de 24 horas para probar su lealtad.

Mientras Madero se expresaba con tanto optimismo ante Hintze, la conspiración entraba en su última fase. El mismo día por la mañana, Huerta indujo a un grupo de senadores a que le pidieran a Madero que renunciara. Como éste se negó a acceder a esta exigencia. Huerta lo hizo detener por sus tropas a las 13.30 horas. Una hora más tarde, Hintze se dirigió a la embajada norteamericana a solicitud de Wilson.

La tarde del 18 de febrero, Wilson invitó a Huerta y a Félix Díaz a la embajada norteamericana.

Esto no significa que Wilson se proponía permitir que los dos participantes negociaran sin su intervención. Aunque favorecía a Félix Díaz, el embajador estaba convencido de que por el momento la única solución viable era que Huerta asumiera la presidencia.

En última instancia, la decisión acerca del destino de Madero dependía del embajador norteamericano. Hintze hizo contar que “la victoria de la reciente revolución es obra de la política norteamericana. El embajador Wilson realizó el golpe de Estado de Blanquet y Huerta; él mismo se vanagloria de ello”.

El 20 de febrero, Hintze fue a ver a Wilson y le expresó su preocupación de que el nuevo gobierno pudiera asesinar a Madero.

Hintze insistió y advirtió a Wilson que la ejecución de Madero significaría una violación del pacto acordado y además una mancha sobre su actividad en esta revolución.

El 22 de febrero Madero y Pino Suárez fueron sacados de sus celdas, diciéndoles que se les iba a trasladar a otra prisión, y se les asesinó en el camino. Se anunció oficialmente que el presidente y el vicepresidente habían sido muertos durante su traslado del Palacio Municipal a la prisión durante un intento de sus partidarios por liberarlos.

El mantenimiento del ejército federal, al cual accedió Madero en las negociaciones de paz que tuvieron lugar en 1911, fue la principal causa de su caída. Ningún gobierno en toda la historia de América Latina que haya intentado llevar a cabo una transformación social logró hacerlo sin destruir antes al ejército existente.

A fin de cuentas el fracaso de Madero representó el fracaso de la clase social a la cual pertenecía y cuyos intereses consideraba idénticos a los de México: los hacendados liberales.

No sólo Madero sino todos los dirigentes revolucionarios provenientes de esta clase, fueron finalmente derrotados por razones semejantes. Todos ellos habían llamado a los campesinos a rebelarse en su favor y todos se volvieron en contra de sus aliados cuando éstos exigieron que se llevara a cabo una reforma agraria en gran escala. Fue primordialmente su temor a las demandas campesinas lo que llevó a Madero a mantener intacto el ejército federal.

(Créditos:

Christian- Lic. en Historia 7mo. semestre UABCS)


El cadaver exquisito como fiesta colectiva- La fiesta 3.11.10 (Mariana)

El cadáver exquisito como fiesta colectiva.

Tomaré como punto de partida para esta ponencia la analogía Fiesta- Cadáver Exquisito. Esta analogía realizada con base en la necesitad creativa expresada en colectividad.

Primero que nada señalaré la historia del cadáver exquisito.

Era una tarde del año 1925 en Francia donde un grupo de surrealistas disfrutaban de un juego de mesa llamado “Consecuencias” en donde según se cuenta surgió la frase: “El cadáver exquisito beberá el nuevo vino”. En ese momento quedó nombrado lo que sería una nueva forma de expresión artística y uno de los estandartes del Surrealismo.

El cadáver exquisito tiene su alma en la creación colectiva espontánea. Su modo de jugarlo y repito jugarlo, es escribir una frase y doblar el papel de manera que el siguiente jugador solamente logre ver la última palabra o frase y al final de la ronda se lee lo que todos escribieron. Se juega igual que su predecesor “Consecuencias” sólo que el fin es distinto. El fin del cadáver exquisito según sus creadores y principales representantes que fueron: Robert Desnos, Paul Eluard, André Bretón y Tristan Tzara, para ellos el fin era expresar inconscientemente el ideal, la forma de pensar y sentir de un grupo determinado. También creían que la creación poética debía ser  anónima, grupal, intuitiva, espontánea, lúdica y en lo posible automática.

 

‘Escribid rápidamente, sin tema preconcebido, lo bastante rápido para no sentir la tentación de releeros…la frase vendrá por sí sola, sólo pide que se la deje exteriorizarse’

Bretón.

 

El punto que me motivó a relacionar “La Fiesta” o reunión que es la cuestión de esta conferencia, con el Cadáver Exquisito fue la constante de la colectividad y la espontaneidad.

El cadáver exquisito tiene su razón en cada aportación que realizan cada uno de los participantes, obteniendo como resultado ya sea un poema, un cuento, una pintura.

La colectividad crea una obra de arte y una forma de expresión que se adapta a cada época.

Esta expresión colectiva nos da también posibilidades infinitas de creación pero con la diferencia que no sólo interviene un discurso sino dos o más y esos dos o más crean uno.

Le doy voz a un cadáver exquisito que encontré en Internet.

“No me hace falta madrugar para que amanezca.

Un rellotge, dos relojes, one watch, caño caño! Aquest temps

Dentro y fuera de mi, sin dolor sin salir el patio temprano

que me dices, hazlo, cierra los ojos y hazlo, no me digas nada de

ti, ya lo sé todo, todo lo que quiero saber. El resto cuéntaselo a

la Historia, conmigo sólo vive.

Hablarme del mar, marinero”

Colección Thyssen-Bornemisza, Madrid, 1996

En cuanto a “La Fiesta o Reunión” cada participante es primordial, porque cada persona aporta una risa, una palabra, una percepción distinta motivada en el momento.

Convencionalmente para que se considere fiesta deben participar dos o más elementos, este aspecto es necesario también para la creación de un cadáver exquisito; es fundamental la diversidad de perspectivas. Aunque esto no excluye que se puedan realizar cadáveres exquisitos personales, porque uno nunca es el mismo.

Pero regresando al tema de “La Fiesta” en una reunión el resultado es el recuerdo de cada uno de los asistentes, cada recuerdo será diferente porque cada quien hará su propia lectura de esa fiesta ya sea que estos recuerdos le produzcan alegría, tristeza, ira o simplemente nada. Lo mismo pasa en el arte que nos puede provocar sensaciones distintas. En la literatura cada lector aporta una nueva visión e interpretación de la obra.

La colectividad y espontaneidad en las fiestas es algo fundamental y no porque en la colectividad se pierda el individuo, sino porque se encuentra un momento de descanso, de recogimiento en el cual la diversidad tanto de pensamiento, opinión y acción es la base de convivencia. En este momento surge otra de las relaciones “Fiesta-cadáver exquisito”, cuando la colectividad te da la posibilidad de crear alejado de la razón estilística, cuando se descansa de una coherencia creativa.

 

Cadáver exquisito diestro a la mesa.

La fiesta debe terminar como una buena conversación,

las buenas conversaciones acaban antes de que

terminen en el tiempo profano, estamos muriendo;

en el tiempo festivo somos eternos como los momentos

que encuentran un espacio en el tiempo para seguir siendo

algo que no ha dejado de existir cuando dejo de pensar,

comienza la fiesta, por eso soy el aguafiestas de mi propia

fiesta y el eco que se pierde y se reencuentra.

Sin embargo aquí estando frente a estas puertas de infinito

aquellos ecos recuerdan y también retumban rocíos como

martillos roncos que vuelan los oídos, los rostros siniestros

y terribles. Así me torturas, así me hablas, así me abrazas,

así me abrazas con las garras del olvido y la forma tan

suave de tus manos. Cual dulce sentir pútrido, que es la

permanencia de la muerte, la utopia vuelta presente,

en la fiesta infinita de humanistas…

Cadáver exquisito siniestro a la mesa.

A la luz del olor a quemado mi razón te respira,

bebo de tus labios el sorbo venenoso

de la cotidianidad taciturna es un espasmo infinito

que me paraliza a veces tomando mis mejillas

rotas de dudas fingiendo seguir pensando

fingiendo seguir pensando en el devenir de las cosas

que no tienen sentido.

De mi selras para tu culo y tus ojos por internet

mentes concientes que no transmiten las puntas brillantes

de mis sledes…

Créditos:

Mariana Sánchez Estrada

Literatura- 3er. semestre UABCS


Homo ludens: el fútbol y la lucha libre como metáforas de fiesta colectiva

I.Nietzsche es redondo

Corría el 22 de junio de 1991 en la ciudad de México. Un hombre de treinta y pico años, semi exiliado de la cancha de sus amores, se encontraba frente al esférico de nuevo. A unos cuantos metros, estaban sus cuatro oponentes, que como fichas de dominó esperaban estoicas el momento.

Y el momento llegó. Ricardo Ferreti (el Tuca) metía un potente derechazo que dejaba sin posibilidades al arquero Adrián Chávez, gol que a la postre significó el tercer campeonato en la liga nacional para el representativo de la máxima casa de estudios de México. En la cancha, Pumas 1-1 América; en el imaginario colectivo, triunfo de la clase intelectual y pensante sobre el máximo poder fáctico de este país, que recientemente había hecho de las suyas so pretexto de una “caída del sistema”. “Es un triunfo del fútbol mexicano” diría después un lloroso Ferreti ante las camaras de la otrora Imevisión.

A unos cuantos kilómetros de ahí, hace cinco años, un muchacho argentino llamado Diego Armando Maradona que en apariencia no intimidaba a nadie hacía el trabuco más impresionante en la historia del fútbol: encaraba al portero inglés y, pecado nefando en un deporte que se practica con los pies, izaba la mano derecha y metía el gol que lo inmortalizaría para siempre: la mano de Dios, la jugada más recordada en el mundial de 1986.

México, sin duda, se presta para las metáforas y como tal el deporte es una de ellas; ya sea por la obra y gracia de algún semidios de las canchas visto en el oráculo del estadio, o por mera y mecánica imitación televisiva, el colectivo se regocija ante el fútbol, y deja de ser sólo un juego de 11 contra 11. Frederich Nietzsche, en El nacimiento de la tragedia concibe la fiesta como espectáculo colectivo en los siguientes términos:

“Bajo la magia de lo dionisiaco no sólo se renueva la alianza entre los seres humanos: también la naturaleza enajenada, hostil o subyugada celebra la fiesta de reconciliación con su hijo perdido, el hombre.”

El fútbol, tanto en el estadio como frente a la TV, prohibe el voyeurismo: al calor de unas chelas o peleando contra el arbitro o comentarista en turno (intercambio donde se da mas no se recibe), como la misa de doce o el mitin político se exige la común-unión, el espacio donde del uno apolíneo se transfigura en la porra, la hinchada, la barra. Eduardo Galeano, en El fútbol a sol y sombra hace un lúcido homenaje al héroe anónimo, al número 12, al apolíneo transformado en dionisiaco:

“(…) la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno.

Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.”

En las festividades griegas, volviendo a Nietzsche, había como un “rasgo sentimental de la naturaleza, como si esta hubiera de sollozar por su despedazamiento en individuos”; después de 90 minutos, se vuelve, como en el fin de la fiesta, a la mismidad de la resaca, las lamentaciones de lo cotidiano, la salida del nirvana es evidente; prueba de ello es que el aficionado, citando de nuevo a Galeano, no dice “hoy juega mi equipo”, sino “hoy jugamos nosotros”; quizás al día siguiente, amen de los resúmenes deportivos o de la playera portada con orgullo, recordará con añoranza que ayer, al menos por unos instantes, fue como el ser heracliteano, otro. Parafraseando a Aristóteles, el fútbol es uno de los juegos “del hombre en cuanto hombre”.

¡Y qué más dionisiaco que ver a un Pelé o a un Maradona, o a su hijo putativo llamado Lionel Messi, arrebatado como en epopeya homérica del estigma del anonimato y convocado a la grandeza como Napoleón! Los jugadores, como en función circense, ofrecen sus malabares al público, engañan a propios y extraños, invocan simplemente a lo sublime, bofetadas a lo plano de nuestro mundo:

“Y un buen día la diosa del viento besa el pie del hombre, el maltratado, el despreciado pie, y de ese beso nace el ídolo del fútbol. Nace en cuna de paja y choza de lata y viene al mundo abrazado a una pelota.

Desde que aprende a caminar, sabe jugar. En sus años tempranos alegra los potreros, juega que te juega en los andurriales de los suburbios hasta que cae la noche y ya no se ve la pelota, y en sus años mozos vuela y hace volar en los estadios. Sus artes malabares convocan multitudes, domingo tras domingo, de victoria en victoria, de ovación en ovación.”

Pero, ¿qué es lo que opinaría Nietzsche?:

“El éxtasis del estado dionisiaco, con su aniquilación de las barreras y límites habituales contiene(…) un elemento letárgico, en el que se sumergen todas las vivencias personales del pasado. Quedan de este modo, separados entre sí, por este abismo del olvido, el mundo de la realidad cotidiana y el mundo de la realidad dionisiaca”.

Aunque la realidad, aun en lo apolíneo, también tienda a usar máscaras.

II.Octavio Paz vs. El Santo, de dos a tres caídas

El espectáculo es enormemente familiar a muchos de los mexicanos: en un cuadrado a guisa de coliseo, el bien y el mal se debaten en sempiterna batalla; como en la época de los aztecas, se lucha por el equilibrio de la naturaleza en forma de semilla metafórica, aunque en los tiempos del buen Tlaloc no había rudos ni técnicos.

La mayoría asocia la lucha libre con los estratos populares de la sociedad, el olor anacrónico de las fritangas, las edecanes que son flor de un sólo día y la estridencia de ¡¡¡los rudos, los rudos, los rudooooooos!!!!, aunque también, como señala Octavio Paz en El laberinto de la soledad, se pone de manifiesto un aspecto propio del mexicano: la tendencia a enmascararnos:

“(…) el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro y máscara la sonrisa(…) Tan celoso de su intimidad como de la ajena, ni siquiera se atreve a rozar con los ojos al vecino: una mirada puede desencadenar la cólera de esas almas cargadas de electricidad. (…) El mexicano siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás. Lejos, también, de sí mismo”.

La máscara, símbolo de este deporte por excelencia, no denota a diferencia de lo que plantea Paz, un oculta-miento; como los alebrijes, permiten hacer juegos de imaginación entre lo cómico y la trágico. La máscara enseña, da identidad, grita al mundo “aquí estoy”, pero juego, juego a ser santo, cavernario, blue demon o bulldog. Y la masa me apoya en ello.

“(Porque) el mexicano no se divierte: quiere sobrepasarse, saltar el muro de soledad que el resto del año lo incomunica. Todos están poseídos por la violencia y el frenesí. Las almas estallan como los colores, las voces, los sentimientos. ¿Se olvidan de sí, muestran su verdadero rostro? Nadie lo sabe.”

A la pregunta sobre la lucha libre y su similitud con la tragedia nietzscheana, se respondería (a diferencia del fútbol) tomando en cuenta al otro actor, al deus ex machina,al aspecto tan vilipendiado de este deporte que es la existencia de una trama o historia establecida, pero ¿esto no motivaría a un ejercicio de reflexión respecto a lo que se ve, so pretexto del mito? ¿El luchador, desde el mito, puede ser un hermeneuta del mismo?

“Mentimos por placer y fantasía, sí, como todos los pueblos imaginativos, pero también para ocultarnos y ponernos al abrigo de intrusos. (…) La mentira es un juego trágico, en el que arriesgamos parte de nuestro ser. Por eso es estéril su denuncia. (…) Si por el camino de la mentira podemos llegar a la autenticidad, un exceso de sinceridad puede conducirnos a formas resignadas de la mentira”.

Desde esta perspectiva, la lucha del bien contra el mal, puesta en relieve en la arena deja de ser un simple vodevil donde los marginados por su físico o preferencia sexual pueden explayarse ante un auditorio que, al salir de allí, los relegará al poco honroso nicho de la cotidianidad. La lucha libre, adquiere, por decir lo menos, un carácter más serio de lo que se cree. Bacanal de fluidos corpóreos y pirotecnia con carácter de problema existencial. Volviendo a Octavio Paz, del que nunca se ha salido:

“Todo ocurre en un mundo encantado: el tiempo es otro tiempo (situado en un pasado mítico o en una actualidad pura); el espacio en que se verifica cambia de aspecto, se desliga del resto de la tierra, se engalana y se convierte en un “sitio de fiesta”(…) los personajes que intervienen abandonan su rango humano o social y se transforman en vivas, aunque efímeras, representaciones.”

¿No es este el estado, a partir del mito, propicio no sólo para olvidar sino que, como en el platonismo, hacer anámnesis?. Ganen los rudos o los técnicos, la lucha libre no puede desnudarse de su carácter inductor a lo metafísico.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Galeano, Eduardo. El fútbol a sol y sombra. Siglo XXI, Buenos Aires, 1995. (extracto en PDF) http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer. Fecha de consulta: 1 de noviembre de 2010.

Nietzsche, Frederich. El nacimiento de la tragedia. Alianza Editorial, Madrid, 2000.

Paz, Octavio. El laberinto de la soledad. FCE, México, 1995.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.