Archivo mensual: marzo 2010

Nihilo a la carta

Mucho se ha escrito recientemente sobre los nuevos escenarios y perspectivas a las que nos vemos obligados a enfrentar hoy en día como sociedad; sin embargo, se plantean muchas falsas certezas sobre una presunta inmutabilidad de las cosas (el sobadísimo y hedonista pretexto del “así debe ser”, o yendo más lejos, el insistir en tropezarse más de una vez con la misma piedra); Empero, ¿a quién sirve esa idea, la que consiste y consiente en el pragmatismo a ultranza en muchos ámbitos de la vida social y política del país?

Quizás la respuesta se encuentre en revisar el concepto filosófico de la nada, entendido en la ideología existencialista como aquel motor de la existencia humana, aunado a su vez por la angustia del ser (la incertidumbre del futuro que viene) y el aburrimiento inherente al pasado; el “ser para la muerte” de Martin Heidegger va por los mismos tiros, al postular que la única certeza del ser humano es su finitud sobre la tierra. Partiendo de ahi, si la angustia como incertidumbre y motor de la vida, ¿no se estará dejando de lado ante la vanidad propia de principios del siglo XXI?

Estamos, podría decirse, ante el surgimiento de una nueva “nada”, pero no en el sentido de la creatio ex nihilo propuesto por la filosofía cristiana (más concretamente por San Agustín), sino ante el sostenimiento de muchas de las estructuras desiguales de la sociedad en la mera soma de lo artificial, entendido como la especulación de los capitales, la gama de valores estéticos y de ideales de superación actuales, el “comprar hasta morir” versus el “pienso, luego existo”, por citar algunos ejemplos. Otro sostén de la nueva nada podría ser también por ejemplo la necesidad de vencer nuestra realidad de “ser para la muerte” inventándonos una inmortalidad embadurnada de cremas y tintes para el cabello.

Y la culpa quizás no la tenga la novela de las siete o el fútbol o los estrambóticos discursos presidenciales y componendas de nuestros políticos, no. Ellos son sólo aderezo de una ensalada metafísica que ha ido cuajando, aunque suene a ironía, en el caldo de cultivo de un intento de asesinato del libre albedrío. Como muchos sabemos, una de las características que diferencían lo que el hombre es (y aún se discute) la capacidad de tomar decisiones en base a su entorno al que se mueve. Si se condiciona el libre albedrío del individuo a esta “nueva nada” donde el sistema político y social no permite que soplen aires críticos y frescos, será difícil realmente que el individuo sea realmente consciente no sólo de lo que pasa a su alrededor, sino de que puede ejercer una capacidad determinada de decisión.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.


Evocación de una mentira

(1) ¿De qué color son tus ojos?
Así se saludan en preludio
los arrebolados pescadores de estrellas
los que juegan a la luna con sus dardos
(5) y se bañan en agua de caracolas.
Pues no es un saludo común
puesto que indica éxtasis
más allá de la frialdad del mucho gusto
o lo corrosivo de un buenos días protocolario.
(10) ¿De qué color son tus ojos?
frase trillada de poetas
crisálida empapada de cotidianeidad,
de eruditos de barrio,
de peripatéticos de cantina
(15) y de musas del destino.
Pude haberte contestado
que mis ojos son verdes
o cafés
o azules
(20) o alguna otra tonalidad;
Pero a mis quince años
rompí mi virginidad en mentiras
y el sangrante y melancólico himen de mi boca
dijo que mis ojos eran
(25) del color del pensamiento.
Sin embargo, confieso
que hoy doy gracias
a la serpiente tentadora
que osó picar al Adán de la poesía
(30) y siguió de largo con la Eva de la fantasía.
Sólo así puedo jugar
(aunque esto suene a ironía)
al Dios creador
que de una costilla
(35) comenzara a construirte.