Archivo mensual: enero 2010

Retomando el mito en el logos: la informática como ejemplo

El presente texto toma como punto de partida algunas apreciaciones que planteo sobre mi experiencia previa en la carrera de licenciatura en informática en el Instituto Tecnológico de La Paz, particularmente sobre la función que desempeña el programador de sistemas, qué es lo que hace y el cómo, así como la utilidad del logos de la informática en nuestro mundo actual y la posibilidad que ella presenta para la construcción de realidades virtuales, desde las perspectivas de Ochoa Abaurre y Max Weber en particular.

De principio, cabe establecer que se parte de la premisa de una definición de mito como uno de los ingredientes que, a su manera, trata de explicar el mundo y sus realidades, y cuya existencia en nuestra “cultura de los analgésicos”, citando a Leslek Kolakowski[1], no nos debería ser ajena. No obstante, los paradigmas que se han formado sobre lo que es racional y lo que carece de ello, han llevado a descartar esa parte del mito que le atañe en cuanto a su interpretación particular de la realidad; sirva como ejemplo las políticas erigidas por el gobierno federal para la supresión de la enseñanza de la filosofía en el bachillerato[2], en aras de una visión de “lo inmediato” o lo capitalmente redituable como aquello que vale la pena perdurar y cultivar.

Así, hemos sido testigos de cómo se han derrumbado muchos de los castillos de naipes que se han construido a partir de esta premisa, obligando al técnico y al humanista a cuestionar la veracidad del desencantamiento en que vivimos, y para ello, qué mejor que desde la técnica y la ciencia dura plantear los puntos para construir un nuevo horizonte desde el cual este cuerpo de conocimientos pueda replantearse a sí misma la parte explicativa-mítica que le corresponde. Sirva este trabajo, pues, como tentativa para ello.

De acuerdo al trabajo de Ochoa Abaurre[3], en un principio la cultura griega tenía por válida la explicación que proporcionaba la mitología de la que disponían, puesto que el mito tenía dos aristas en ese momento: el fabular o contar con palabras una anécdota que por si misma estaba provista de un trasfondo que generaba o reafirmaba un conocimiento sobre las cosas. A estas aristas se les conoce como mythos-legein (relato) y hieros-logoe (discurso).

Sin embargo, gracias a la invasión de Grecia por parte del pueblo dorio, se lleva a cabo una reforma del pensamiento, que culminó en el divorcio entre ambas partes univocas del mito: ahora se distinguía entre “mito” como un concepto empleado desde ese momento en un sentido peyorativo e irracional y el “logos” como explicación racional y lógica de las cosas; de hecho, gracias a esta reforma se crea un gran salto hacia adelante en la civilización occidental que persiste hasta nuestros días, pero la otredad de los valores y los hechos que constituían la otra mitad de la moneda del mythos, fueron quedando en un aparente olvido.

Por ello, el autor propone un retorno de la frialdad del logos imperante hoy en día, a la creación de una nueva concepción del mito, echando mano de las ideas de Wilhelm Nestle al respecto, y aquí vale hacer una pregunta pertinente e interesada ¿es posible desde las hard sciences por excelencia llevar a cabo esta construcción, o mejor dicho, esta deconstrucción[4]?

Considero que la programación de software, dada mi experiencia previa en este campo, podría constituir un acercamiento a una construcción. En pleno siglo XXI, una de las aplicaciones en boga de las ciencias de la computación, primas hermanas a su vez de la matemática pura, es la capacidad de crear universos simulados dando entrada a un concepto nunca visto en la historia de la ciencia: la posibilidad de un mundo virtual. Curiosamente, dicha ventana a un universo alterno se hace o es producto de palabras.

En un trabajo anterior[5], tuve la oportunidad de definir al lenguaje de programación en cualquiera de sus formas como un código exótico provisto, a imagen y semejanza del lenguaje humano, de ortografía y gramática, de finalidad y de reglas para construir y decir las cosas. Análogamente al mito químicamente puro, se crea la posibilidad de fabular con palabras (el código exótico) con una finalidad que le es inherente (el ejecutar una instrucción, desplegar algo en pantalla, enviar algún dato): el mythos y el logos.

Sin embargo, este aspecto suele pasarse por alto en la educación tradicional del informático promedio, al que se le impone un modelo, más semejante a la receta para hacer un pastel, donde las cosas y las instrucciones son inmutables y frías, limitando la experiencia del aprendizaje de C# o de PHP, por mencionar algunos lenguajes como si de inglés o francés se tratara: se señala el que, pero no se hace énfasis en el por qué.

La programación tradicional, suele componerse de una serie de pasos que le hacen posible; uno de los teóricos de la materia, Guillermo Levine, propone la existencia de un paso cero, esto es, el inicio de la comprensión y la aprehensión de lo que se debe hacer: la esencia misma del problema, pues. Empero, dicho “paso cero” no toma al momento de fabular con el léxico exótico la dimensión que debiera tener como la linterna que nos ayude a visualizar mejor en el cuarto oscuro de la incertidumbre, o bien se le relega a un segundo plano.

¿Y cual es la consecuencia de la desaparición o terrible minimización del paso cero? Simplemente al no existir la suficiente claridad sobre el problema, de igual manera será menos claro el cómo resolverlo, y por ende, nuestros esfuerzos por hacerlo terminarán yéndose por la borda. Al igual que en la apuesta filosófica de Ochoa Abaurre, el mythos sirve como palanca o motor del logos, el fabular con palabras, y por ende entra en juego la fusión de horizontes del cara a cara entre la persona que tiene un problema (llámese en este contexto cliente, usuario o simple espectador) y aquel que puede resolverlo (entiéndase programador, informático o simple exegeta de los bytes)

Por ello, resulta preocupante que el modelo imperante en nuestra política social sea simplemente enfocada a “lo inmediato” al apoteósico lassez-faire llamado globalización en cuyo nombre (donde el dinero y el tiempo son más válidos que el pensamiento como moneda de cambio) se han propuesto barbaridades y barbarismos como la muerte de facto de la filosofía en nuestra educación media superior. Se prefiere tener simples técnicos o empleados de segunda mesa que respondan a una necesidad inmediata en vez de visionarios que usen sus potencialidades en plenitud para la construcción de un mejor modo de hacer conocimiento, de fabular con palabras, y a la vez poder hacerlo con números.

Y además dos siglos antes de nuestra era, Max Weber lanza un grito de alerta: ¡el mundo está desencantado! Parafraseando a González Galván en su ponencia sobre los conceptos de presente-pasado y presente-futuro[6], la apuesta en boga del siglo XIX era por el logos instrumental, por el triunfo de la razón tecno-científica como alma y corazón de la revolución industrial; sin embargo, dicha victoria del logos traía consigo una importante crisis de valores que parecería persiste hasta nuestros días. El “desencanto del mundo” era consecuencia directa de que el hombre ya no apela a entes mágicos o sobrenaturales a medida de que va adquiriendo un mayor dominio de los fenómenos que le rodean[7].

Paradójicamente, en plena etapa de progreso y de aparente comprensión de las herramientas racionales, el hombre se ha armado de nuevos nichos de sobrenaturalidad, esta vez desde la virtualidad que es provista desde la Internet y el mundo alterno producto del código exótico, facilitado por los nuevos exégetas de la palabra escrita: los informáticos. Pongamos como ejemplo el caso del Second Life: un sitio Web donde el usuario tiene la libertad de hacerse a su imagen y semejanza mediante la creación de avatares o bien, asumirse como alter ego de sí mismo, en literalmente, una segunda vida, como Alicias que por millones se encuentran con el Tweedledum de la incertidumbre, sólo que a diferencia del relato de Lewis Carroll, si conocen la salida del bosque, corriendo inclusive el riesgo de olvidar momentáneamente quienes son. En otra pregunta interesada, ¿no es esto otro ejemplo de “encantamiento del mundo” mediante la virtualidad?

Así, al hacer la distinción del “mundo desencantado”, Weber pone su granito de arena en el debate sobre el papel que juega el mythos para impulsar al logos, mismo que continua vigente hasta ahora; aunque quizás el hombre se encuentre en apariencia alejado del mito de dioses establecidos desde los orígenes del mismo, la recreación de un universo alterno los podría acercar, tomando un ámbito positivo del fenómeno del Second Life, a una mayor conciencia sobre quienes son y qué papel podrían desempeñar en la realidad que les corresponde, inclusive en el área académica, política y social[8]

La propuesta de Second Life, por tanto, facilita a traves de un “reencantamiento del mundo” una construcción o si se prefiere, una re-construcción del estado en el que nos encontramos en varios temas comunes al género humano: la participación ciudadana, la resolución de conflictos, el mejoramiento de nuestra relación con la tecnología y el medio ambiente, sólo por mencionar algunos. Una “manita” a la función que en su momento propusieron los dioses, pues.

Así, con estas evidencias, surge otra pregunta interesada: ¿Se puede hacer posible una deconstrucción del mito a partir de las ciencias duras? Ya se ha visto como la palabra más que la fórmula se erige, a fin de cuentas, como el elemento clave para la explicación de la problemática que se plantea, en este caso, en aquello relativo a la computación. Podría establecerse, como respuesta tentativa y retomando la comparación con Alicia a través del espejo, que la palabra y la fórmula son como el Tweedledum y el Tweedledee que suelen ser inseparables, a menos que el cascabel desgastado de la incomprensión de su entorno los divorcie en mythos y logos.

Sin embargo, ¿esta suposición puede ser válida en otras ciencias? Si tomamos como ejemplo la física o las matemáticas, el teorema dice lo mismo o más que la fórmula por sí sola. ¿Qué nos permite, tomando un ejemplo trivial, reconocer a una persona que nos encontramos un día en la calle? Ciertas características que, por supuesto, le son inherentes a nuestro cerebro a golpe de vista, y todo gracias a la imagen, al mythos que de esa persona tenemos, y cuyo resultado es el logos de darle nuestros parabienes o mandarle al carajo, de acuerdo a la circunstancia.

Así, no considero posible que mythos y logos tengan que vivir separados, ya que, como la serpiente que muerde su cola, uno se encuentra siempre con el otro, la palabra y la fórmula; de acuerdo a Kolakowski, el mito es como una “red” que atrapa los aspectos culturales de nuestro entorno para constituir una explicación cierta de lo que somos, y en consecuencia, la creación o re-creación de un cuerpo de conocimientos que deriva en aquello que llamamos ciencia. Empero, se ha tomado tradicionalmente como cierto aquello que tiene una posibilidad de aplicación práctica, desechando lo diferente como superstición o como irracionalidad. Y algunas veces, dentro de los peces que atrapa esta red figuran algunos que le podrían ser igual de comestibles al hombre de ciencia que al filósofo o al informático, al igual que aquellos de los que se alimenta tradicionalmente. Tal es la naturaleza del mythos en la ciencia y en la vida diaria.

CITAS BIBLIOGRAFICAS:


[1] Kolakowski, Leszek. La presencia del mito, Ediciones Cátedra, Madrid, 1999. En el capítulo 5, el autor define a nuestra época como la “época de la cultura de los analgésicos” debido a que una constante en la sociedad industrializada, de acuerdo a esta idea, ha sido la de mitigar o suplir el dolor.

[2] “Enerva decreto antifilosófico de la SEP”, en Revista Proceso número 1695, 26 de abril de 2009, página 63. El artículo también se cita en http://www2.uacj.mx/IIT/CULCYT/marzo-abril2009/11%20Col_Serp%20Rev_31.pdf

[3] Ochoa Abaurre, Juan Carlos. “Mito y chamanismo: el mito de la tierra sin mal en los tupi-cocama de la amazonia peruana”, en http://tesisenxarxa.net/TESIS_UB/AVAILABLE/TDX-0204103-123631/TESISOCHOA.pdf

[4] Aquí la deconstrucción la entiendo desde la perspectiva de “extraer” desde las entrañas de la ciencia una tentativa de mythos.

[5] Esta y otras ideas respecto al quehacer del informático las desarrollo en el ensayo denominado “Escribir desde la informática: una apreciación”, en proceso de publicación por la universidad.

[6] González Galván, Humberto. “Presente-pasado/presente-futuro: filosofía y formación en Baja California Sur”; Ponencia presentada en el 3er Encuentro Estatal de Antropología e Historia, en La Paz, Baja California Sur, 23 de octubre de 2009. El trabajo fue facilitado por el autor.

[7] Inclusive, en el trabajo de Eleazar Ramos Lara, señala que Weber nunca explicó suficientemente el concepto de “mundo desencantado” (página 28)

[8] De acuerdo a la revista Ciencia y Desarrollo, en Second Life lo mismo podían encontrarse cursos especializados de la UNAM o de Harvard que comités de simpatizantes del entonces candidato presidencial estadounidense Barack Obama.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.

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Fernanda

Quisiera que eyacularas

una sola palabra,

hielo aderezado

con corona de espinas

y si te fuera posible

imaginarte

como medio millón de estrellas

en fantasioso cometa

de orgasmos.

Se alba,

se sueño,

se pirotecnia

de días pasados.

Pudiera yo imaginarte

sin ataduras de sexo,

sin máculas de sangre,

sin gemidos de agua

derramada en vano.

Te imagino

como colibrí herido

en santa agonía,

envenenado de sarcástico cianuro

permeado en el horizonte.

Mujer hecha

antes de jirones de luna y carne

ahora de delirios de pasado

y de presente

y de futuro

¡Te canto, mártir desvirgada!

¿Me creerías si esto

no es más que un himno

de papel y erotismo?

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