Archivo mensual: octubre 2009

Estratos del tiempo

Todos los días son historia, diría una definición cotidiana de lo que hacemos desde que nos sale el sol hasta que desaparece en el horizonte.

Me he venido haciendo una serie de preguntas a mi mismo sobre la historia, la cotidiana, aquella que no suele aparecer en los libreros ni ser merecedora de ensayos y documentales: ¿Todos los días somos? ¿Qué diferencia hay entre el día de hoy, lo que fue ayer y lo que podría ser mañana?

Y aquí entra en juego el deja-vú, la sensación de la repetición de la historia a la que hacían mención los antiguos griegos. Coincidiría con ellos en el sentido de que un día es una paráfrasis de nuestra vida en esta tierra: nacemos, crecemos y tenemos un inevitable final.(citando una canción que oí alguna vez: mañana empieza hoy) Quizás la vida diaria si tenga la forma de una espiral o de una serpiente que muerde su cola. Pero las semanas, los meses, los años, los siglos si creo que se gobiernan mediante una estructura lineal, un principio que es trascendente a nosotros y un fin que será igual.

Dicen los que saben: una decisión suele cambiar el curso de la vida de las personas, y en mi caso confieso que no es la excepción, en particular los últimos meses. Desde tener mis primeros amoríos inconfesables con la literatura hasta el salir de la estructura cuadrada de un licenciado en informática para asumir una forma circular, la del que tiene amor al conocimiento. También cabe hacer mención, en este contexto, de los “accidentes” de reiteración propias del levantarse temprano, convivir con los compañeros, desayunar, hacer tarea, vivir, dormir, soñar.

Por tanto, todos los días son diferentes, puesto que dependiendo de como halla convivido con mis semejantes o lo que haya desayunado ese día, será la diferencia de las acciones y consecuencias posteriores de mis actos. He ahí el más simple ejemplo de historia lineal.

En cuanto a la trascendencia, pondría como ejemplo a nuestros hábitos cotidianos, casi inalterables desde que tengo uso de razón, muchos de los cuales me han antecedido y me sucederán seguramente el día de mañana. Me tomaría el atrevimiento, así, de comparar a los usos y costumbres con soldados que combaten en el campo de batalla de los tiempos, algunos viven durante milenios y otros,-una buena parte diría yo- perecen en el olvido.

Para finalizar, coincido con el autor en que las secuencias históricas, ya sea el último descubrimiento científico o la redacción de estas líneas, se nutren de elementos tanto lineales como recurrentes; en tanto, me permito cerrar citando de nuevo la canción que escuchaba un día de verano, en los albores del final de mi ciclo en el Tecnológico, en la serpiente que mordía su cola: “Mañana empieza hoy”.