Archivo mensual: septiembre 2009

Reflexiones sobre el uno de tres

Hace algunos años (bueno, en realidad tres), estaba de moda en la televisión un anuncio de conocido partido político de cuyo nombre no quiero acordarme, cuyo estribillo más popular rezaba uno de tres.
Uno de tres. Uno-de-tres. Menage a trois. (*)
Al margen de lo que creía yo de la política en aquel entonces (estaba más preocupado por terminar el proyecto de residencias en el CIBNOR), un buen día pensé: bueno, ¿y si el programador sigue esta regla de manera consciente o inclusive, inconsciente?
En base a mi experiencia personal, y al hecho de que para deshacer los entuertos propios del novato en PHP que era en ese momento requería más tiempo del estipulado para acabar con el software de dos cabezas, al día siguiente escribiría en el space del MSN la siguiente sentencia lapidaria:
“ El programador, por cada minuto que se dedica a escribir una línea de código, debería dedicarse tres minutos a pensar en lo que está programando”
Amén de algunos que no creían que esto fuera posible o al menos imaginable, con el paso del tiempo y dos años a cuestas en el fascinante y tortuoso camino del trabajar ahora y averiguar después, esta afirmación cobra de nueva cuenta la vigencia que pensaba en aquel entonces. Tendemos las personas que realizamos alguna actividad productiva, desde el hombre que barre las calles hasta el ejecutivo potentado en su torre de marfil, a despersonalizarnos de lo que estamos haciendo, a sentir que nuestro producto es totalmente ajeno y no pasará de ser un mero objeto.
Y los que se dedican a los menesteres de la programación, lamentablemente no constituyen la excepción. Hay que recordar que a diferencia de la mayoría de las profesiones, debemos de parir resultados y de interpretarlos. Así, el pensar las cosas que estamos pariendo, amigo lector, es tan necesario y vital como respirar, reír o llorar.
Vaya, si pudiera ponerlo en términos eróticos, a mi juicio programar es como hacer el amor sin preservativo para eyacular resultados, frutos, pasiones que tiendan a ser tangibles y de utilidad. Así, el programa pasa a ser casi como un hijo. ¿Se puede concebir un barrendero desatendiendo su escoba o un médico indiferente a salvar vidas?
Otro post más desde las costas de la Península Barataria.
(*) Léase sin las connotaciones sexuales características del término.

Hace algunos años (bueno, en realidad tres), estaba de moda en la televisión un anuncio de conocido partido político de cuyo nombre no quiero acordarme, cuyo estribillo más popular rezaba uno de tres.

Uno de tres. Uno-de-tres. Menage a trois. (*)

Al margen de lo que creía yo de la política en aquel entonces (estaba más preocupado por terminar el proyecto de residencias en el CIBNOR), un buen día pensé: bueno, ¿y si el programador sigue esta regla de manera consciente o inclusive, inconsciente?

En base a mi experiencia personal, y al hecho de que para deshacer los entuertos propios del novato en PHP que era en ese momento requería más tiempo del estipulado para acabar con el software de dos cabezas, al día siguiente escribiría en el space del MSN la siguiente sentencia lapidaria:

“ El programador, por cada minuto que se dedica a escribir una línea de código, debería dedicarse tres minutos a pensar en lo que está programando”

Amén de algunos que no creían que esto fuera posible o al menos imaginable, con el paso del tiempo y dos años a cuestas en el fascinante y tortuoso camino del trabajar ahora y averiguar después, esta afirmación cobra de nueva cuenta la vigencia que pensaba en aquel entonces. Tendemos las personas que realizamos alguna actividad productiva, desde el hombre que barre las calles hasta el ejecutivo potentado en su torre de marfil, a despersonalizarnos de lo que estamos haciendo, a sentir que nuestro producto es totalmente ajeno y no pasará de ser un mero objeto.

Y los que se dedican a los menesteres de la programación, lamentablemente no constituyen la excepción. Hay que recordar que a diferencia de la mayoría de las profesiones, debemos de parir resultados y de interpretarlos. Así, el pensar las cosas que estamos pariendo, amigo lector, es tan necesario y vital como respirar, reír o llorar.

Vaya, si pudiera ponerlo en términos eróticos, a mi juicio programar es como hacer el amor sin preservativo para eyacular resultados, frutos, pasiones que tiendan a ser tangibles y de utilidad. Así, el programa pasa a ser casi como un hijo. ¿Se puede concebir un barrendero desatendiendo su escoba o un médico indiferente a salvar vidas?

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.

(*) Léase sin las connotaciones sexuales características del término.

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Tengo 26 años…

… y no sé de lo que me estoy perdiendo.

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Mis two cents sobre la huelga de la UABCS

Como algunos de ustedes saben, he decidido comenzar una nueva faceta en mi vida profesional en la UABCS desde hace un mes, por motivos que no viene al caso comentar en este espacio; lo que si cabe comentar es respecto a la huelga que tiene detenida a la máxima casa de estudios en el estado, que a su vez ha devenido en un movimiento estudiantil sin precedentes en los últimos años (pido que me corrijan si estoy equivocado en esta afirmación).

Más allá de la peregrina idea de manifestarse en pos del regreso a las aulas, habría que analizar, a mi juicio, que tanta culpa tienen en realidad los principales involucrados en el affaire financiero. Como muchos sabemos, paradojicamente desde el mismo sistema político y social actual, se está promoviendo la ignorancia y la tecnificación en aras del “saber hacer” antes del “saber pensar”. Y eso en todos lados. Si alguien de los que integra el movimiento llega a leer estas líneas, le invito a revisar el Proceso de Bolonia, recientemente aprobado en Europa.

La tendencia actual, reitero, es convertir al educando en un simple ente que se limite solamente a conocer lo “indispensable” para su aplicación práctica (quizá esto justifique barbaridades como esta).

Y pienso que este es un filón que podría explotar el movimiento estudiantil vigente en Baja California Sur: hacer una revisión crítica del molde en que se están desarrollando las condiciones educativas actuales, particularmente en la educación superior; más allá de pedir simplemente el inicio de clases, debería hacerse extensivo el indagar el porque de esta situación, más allá de filias o de fobias políticas. Ojo, no se trata de hacer política, señores: es algo tan simple como el sentido común.

En el estado, ocurre un fenómeno curioso con la mayoría de las expresiones sociales que surgen a raíz de un acontecimiento político, académico o social (destacando el movimiento magisterial en el estado como ejemplo de continuidad): tienen un punto álgido, aparecen en los medios de comunicación, realizan toda clase de manifestaciones, y cuando la situación por la que se originó dicho movimiento se resuelve o simplemente deja de “estar de moda”, se van por donde vinieron. Como el agua se pierde entre los dedos.

Por este conducto, hago una invitación como dos veces universitario y como persona a seguir echándole ganas y que no quede en simplemente buenas intenciones, sino que esta coyuntura provoque un verdadero análisis y por ende, la búsqueda de una satisfactoria solución de la situación en la escuela pública superior en el estado y en México.

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