Archivo mensual: agosto 2009

Lujuria (republicado)

Este poema lo escribí hace como tres años y pienso que es un momento por el que uno como hombre ha pasado por alguna vez. ¿Què hay más allá de las apariencias?

LUJURIA

Homero Francisco, 2006.

 

Amargo sabor me deja tu ausencia

No solo el hecho de recordarte

-y tenerte

-y besarte

-y hacerte mía una vez más

 

Bebamos, amada mía, del cáliz de la pasión

Comamos juntos del pan de la lascivia

Y cuando nos sorprenda el amanecer del día

Te iras de mi lado sola y sin amor.

 

En cualquier esquina te dejas ver

Muñeca de una sola ocasión

-flor de una noche

-virgen de los descastados

-dejas tu desgracia en un colchón.

 

Bebamos, amada mía, del cáliz de la pasión

Comamos juntos del pan de la lascivia

Y cuando nos sorprenda el amanecer del día

Te iras de mi lado sola y sin amor.

 

Presente, pero de alguna forma ausente

Te deseo, mas no te amo, sin embargo

Busco en las formas delicadas de tu cuerpo

-una respuesta

-una certeza

-un consuelo sin sabor

 

Bebamos, amada mía, del cáliz de la pasión

Comamos juntos del pan de la lascivia

Y cuando nos sorprenda el amanecer del día

Te iras de mi lado sola y sin amor.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.


El color de la tierra (Ceguera)

“Te veo, y siento que el aire es algo más que un suspiro”- reclamaba una pared desnuda de cal, en alguna ciudad de nadie.

Serían las tres de la tarde, cuando por prodigios de causa y efecto vi cruzar la cruel sombra del destino encarnado en tu persona; más allá de la banalidad propia de los encuentros de café y la cotidianeidad del buenos días o buenas tardes, había algo más explícito que ello, había un propósito.

Y cuando hablo de crueldad, amigo mío, me refiero a la inevitable consigna del adiós como la bofetada que suele darnos la verdad cuando tercamente se lo propone. Volviendo al quid del asunto, me tomé la molestia de recordarle los momentos que ella y yo habíamos pasado juntos, como mi mano le fue guiando por las diversas y variopintas sensaciones propias de una relación carnal y causal.

¿Recuerdas, si tú me lees, cuando en una ocasión te mostré el verde de las guacamayas, el café terroso de las piedras, el trinar de los pájaros, la exhalación de los cielos, la chispa divina de nuestro alrededor?

Literalmente dicen que el amor, y también a veces el desamor, suele ser ciego.

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La caída de la casa capitalista

Para los que viven en la ciudad de La Paz, no les es ajeno seguramente el hecho de pasar por el centro comercial Soriana una vez a la semana cuando menos, para satisfacer la característica necesidad sudcaliforniana del “mitote” en más de las veces, y en contadas ocasiones las necesidades propias de la canasta básica y no básica, diría yo. Habrán visto además que en el pasillo principal de dicho establecimiento hay una serie de stands promoviendo teléfonos celulares, tarjetas de crédito y más fruslerías producto de las necesidades creadas por el capitalismo.

En una ocasión, pasando por el pasillo en cuestión me abordó un joven como de mi edad (tengo 25), con rozagante expresión, corbata, saco (¿Quién diablos usa saco en verano? ¡Por favor!), y toda la parafernalia digna de un merolico en ciernes ofreciendo una tarjeta de crédito del banco que recientemente adquirió en parte cierto personaje de color que vive en Washington, D.C. Mi respuesta invariablemente ha sido resumida en tres palabras: “sólo manejo efectivo”.

Y este procedimiento, amigo lector, se ha repetido hasta la nausea durante tres meses con el mismo fulano de marras; entrando en materia, una vez que me alejo de ahí comienzo a cuestionarme, como lo hago cotidianamente sobre que pensaría ese jóven cuando entró a estudiar una carrera universitaria en pos seguramente de un título y un nombre para proveerse en el futuro.

Seguramente se dio cuenta de mil y una paradojas cuando la realidad le cerró la puerta en las narices, como miles de jóvenes y adultos que en este momento no han podido ocuparse en un empleo “digno”, en un mundo donde la lucha del obrero de los albores del siglo XXI ya no es por las ocho horas laborales, las prestaciones o los seguros, sino simplemente por el sobrevivir en la nueva dinámica del outsourcing o los contratos cortos.

A veces creo que esta casa, como la del cuento de Edgar Allan Poe, se caerá víctima de sus propios espectros.

¿O no?

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