Archivo mensual: abril 2009

Necesidad venérea

El reloj de la historia marcaba en ese momento quince para las seis.

Me ilusionaba conmigo mismo, pensando y elucubrando sobre lo que debería ser en esa tarde; veo las taciturnas expresiones de mis anfitriones en esta torre de Babel, envuelta en el humo del pasado y la inevitable enfermedad del futuro.

Hasta que llegara mi interlocutora, me hundía irremediablemente en las palabras; las únicas compañeras fieles que tendría- y tuve- en la vida. En esta ocasión protagonizaba un soliloquio con un invisible Carlos Fuentes y su cabeza cortada número mil que flotaba en algún punto sin nombre del Océano Pacífico.

¿Era mi voluntad la que me había puesto hasta aquí, o la simple fortuna, el caprichoso azar de quien decide jugarse el todo por el todo, a sabiendas, parafraseando a Fuentes, que en vez del poker hay pachuca en la baraja de la vida, y ese preciso momento no era la excepción. Había oido el secreto a voces sobre una femme-fatale, un enigma, un completo acertijo. Le tomaba la palabra a Cástor que me proponía en ese momento ir en pos del vellocino de oro ¿Qué tan necesario era, ora por el estúpido machismo, ora por lo más cercano al amor, que se concretara esta conquista? Sopesaba mis alegatos como el jugador inexperimentado que era.

De repente, una voz familiar me tomó del brazo.

¿Estás listo, mi amor?

Comenzamos, quince minutos después, a desnudarnos de los prejuicios y partos del mundo, a consumar el coito de la historia,y por supuesto a finiquitar un orgasmo que no admitía concesiones y era mucho muy diferente a los que ella habría sentido bajo las paredes desnudas y sórdidas de un burdel sin nombre.

“Sin querer me metí en una utopía/ y no pude salir/ ibamos hacia el cielo el mar el monte/ y no pude salir/ creábamos futuro a ras del alma/ y no pude salir…” recitaba a Mario Benedetti en lugar de hacer el amor.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.