Archivo mensual: febrero 2009

Los alrededores de una profesión (parte uno)

Homero Francisco Salgado Pérez

16 de febrero 2009

A Carmen Zenia, por su bautizo de fuego.

“Los profesionistas en México han sido los más castigados por la crisis, el 35% quedó desempleado en 2008, contra el 8.6% de los trabajadores con estudios de primaria incompletos…”

-Desempleo noquea a profesionistas, 23 de enero 2009 en CNNexpansión.com

 

Hoy en día, es cada vez más asequible para el estudiante promedio el poder aspirar a una carrera universitaria (muchas veces mediante aranceles estratosféricos de por medio). Pasan cinco años, y al finalizar la ceremonia de graduación, en el boato del festejo al nuevo licenciado o ingeniero de marras se plantea una pregunta: ¿qué voy a hacer?, misma que busca ser respondida al día siguiente por los que están dispuestos a comerse el mundo a bocados. Sin embargo, hay (habemos, diría yo) muchos que no encuentran la respuesta hoy, mañana, y siendo un poco fatídicos, a veces nunca.

 

Hace dos años escribía en este espacio sobre la importancia de generar una nueva cultura sobre los estudios universitarios, en partícular por las áreas técnicas, y había en particular una frase que creo levanto cierta ámpula en más de un lector; afirmaba que en México se educa al profesionista para ser esclavo, pero esta “esclavitud” no requiere propiamente de ataduras físicas, sino morales. ¿Cómo concebir hoy día, y máxime en época de crisis y recesiones, un modelo laboral idóneo para la clase trabajadora y los microempresarios, así como para el sensible tejido de la sociedad que les rodea?

 

Retomo este planteamiento: se nos inculca falazmente, que a mayores rangos académicos o de estudio se redundará en una mejor posición económica y por ende, social. Pero, ¿cual es la situación actual de muchos jovenes que creyeron en este “discurso”? Al momento de escribir estas líneas, aproximadamente 57% de la fuerza laboral sumida en el desempleo se compone de profesionistas (El Economista, 2 de febrero de 2009), sobre todo en la zona metropolitana de la Ciudad de México y el sur del país. Se preguntaran muchos lectores el porqué de este garbanzo de a libra: lamentablemente la realidad, terca como siempre, nos muestra contadores en taxis o abogados vendedores de hot-dogs, y en muchos sectores de la población que no tienen la posibilidad de “comprar” un mejor estatus profesional, el título profesional bien podría serles más útil de papel sanitario.

 

¿Cual es el quid del asunto? el panorama mundial, como muchos sabemos, pinta más que desolador para una buena parte de la clase trabajadora en México, y los profesionistas con lanza en ristre como tristes caballeros andantes no es la excepción. Por ende, hace falta, en mi opinión, un cambio radical en el modelo ya no digamos económico, sino social (perdón si les parece pretenciosa esta afirmación); pero ¡ay de nosotros que seguimos optando por los placebos que nos proporcionan los arlequines del neoliberalismo! O diganme, ¿acaso no es como para una mentada de madre que el problema de la crisis se reduzca a darle un beso a nuestros hijos o a un catarrito que no nació donde Carstens, sino que ya va para cuatro sexenios cuando menos?

 

Yo en su momento propuse que debería darle mayor importancia al formar alumnos en educación superior en las subramas de la filosofía, con el fin de crear en el profesionista una nueva conciencia sobre la labor que debe desempeñar para con la sociedad y por supuesto, para con su mismo campo de trabajo. ¿De qué diablos le serviría a un ingeniero civil o a un informático las reglas de la lógica, por ejemplo? muy simple: para tener nuevas herramientas de pensamiento, mejorar las existentes y formarse un hábito crítico. No todo en la vida se resuelve con saber inglés y hoja de cálculo, carajo. Pero para tristeza de muchos, en un sistema social como el nuestro, las personas con hábito crítico, profesionistas o no, son vapuleados con más de un adjetivo peyorativo, y vaya, nunca faltan las bestias que dicen que ser “crítico” no es tan rentable comercialmente hablando.

 

Concluyo citando a un tío que decía “haz aquello que amas y ama lo que haces”; creo que si puedes innovar e ir más allá en tu trabajo, por más simple que sea, mucho mejor.

 

ACTUALIZACION:

Hoy, 27 de febrero de 2009, al escribir estas líneas, se me comunica mi triunfal regreso al INEGI, pero no de la manera que creía. ¿Simple karma o fatalidad inevitable de la crisis?

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.

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