La pregunta obligada y la respuesta olvidada

La pregunta obligada y la respuesta olvidada

Homero Francisco

4 de julio de 2011

En el marco de las actuales políticas y polémicas en torno a la lucha contra el crimen organizado, se han ensayado múltiples hipótesis a favor y en contra de las decisiones que se han tomado para hacer efectivo este combate; más allá de las 40 mil muertes- para algunos “normalidad” y para otros cifra que raya en el genocidio- cabe hacer una pregunta desde una perspectiva diferente: ¿Porqué el motivo de unos y otros para consumir la droga o asesinar a un semejante?

Esta y otras preguntas, se constituyen sin duda en un referente obligado para comprender- o al menos analizar- las causas del problema en ciernes; sin embargo, la pregunta principal constituye un parto doloroso  para el sujeto en tanto se desenvuelve en una sociedad: ¿quién soy? y ¿qué aspiro a ser?. El ser, ese pequeño bichito explicado a la manera de Descartes, es parte de aquello que nos mueve en nuestro círculo social; es parte importante de nuestro lenguaje, actitud, hábito, causa y consecuencia.

Más allá del problema que se pueda constituir en las políticas de combate al crimen el alarmante aumento de las cifras negras- y la correspondiente negrura de las mismas-, la violencia implica una metáfora que va más allá de las meras desapariciones físicas: la des-vinculación del sujeto inserto en la sociedad. Claro reflejo es el ejercicio pavoroso de descuartizar al sicario o colgarlo de un puente, o el sembrar armas a ingenieros o estudiantes de posgrado dándoles papeles que nunca se esperarían en vida; la negación, así, viene por partida doble,ya sea por los códigos de lenguaje establecidos por el narco o por las omisiones discrecionales del Estado diluidas en “bajas colaterales”, “cifras”, simples estadísticas.

Como consecuencia, el asesinato va más allá de la ausencia temporal y espacial; junto con el sicario o el estudiante o el ingeniero o el militar se va el Ser al que podía constituir-se o retro-alimentarse de otra manera, que aun podría ser rescatable. Parte de la reivindicación exigida en este tenor ha sido recogida por movimientos sociales de diferente envergadura; quizás no sea casualidad que un humanista (Javier Sicilia) haya plasmado, mediante el pacto de Ciudad Juárez, el estar en contra del olvido y la des-vinculación.  En una entrevista concedida por el poeta a La Jornada, él cita que su movimiento va más allá de lo meramente político, tomando como punto de partida la relación entre seres humanos.(1)

Así, ¿porqué no incluir dentro del debate hermenéutico sobre el problema la importancia del rescate del Ser? Más allá de los maniqueismos dignos de una cinta de western sobre “buenos” y “malos”, hay algo que nos une y es común en cuanto seres humanos: la posibilidad- traducida como experiencia- de hacer camino al andar, y escoger, sobre la marcha, el sendero que determinará hacia donde vamos en tanto que somos. Aunque las señales ominosas mandadas por la tecnocracia en ciernes con la reforma de la RIEMS y la prohibición de facto de la filosofía y las humanidades constituyan una posible limitante, aun es posible plantear este rescate.

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(1) Petrich, Blanche. “No me arrepiento del abrazo a Calderón; esto no nos iguala: Sicilia”, en La Jornada, 30 de junio de 2011. http://www.jornada.unam.mx/2011/06/30/politica/010e1pol


2002

Alguna vez, en medio del camino

debí preguntarme a mí mismo

qué es la madurez.

 

No recuerdo cuando,

pero recuerdo donde

me hirió por primera vez la duda

como gusano de seda,

como mosca taciturna

o como chispa que arde.

 

Era un embarcadero de Janitzio.

Ahí los primeros locos de la tierra

vendían su lengua y su esencia

al peor postor,

enajenado de Big Brother y Televisa

o diácono de las frivolidades

patrocinadas por Oscar de la Renta.

 

¿Qué es la madurez?

¿Es el simple invierno de los cabellos,

el otoño de las ideas,

el verano de los achaques?

¿Es perseguir en las barricadas y el Ché

un sueño, una utopía, una ilusión,

para claudicar despotricando hasta contra el SME?

¿Es el anteponer

la experiencia sensible

a la que se pide en las páginas del periódico?

¿Es el levantarse cada día

en un eterno deja-vú

interrumpido por la ambarina claridad de los sábados

y las secuelas de los domingos?

 

Lo descubrí, en la pureza de escuchar

un “te-amo” en lengua purepecha

que quizás la vida,

la madurez auténtica es sólo canto.

Canto que está, cada día flotandi entre nosotros

sobre el carmesí que disfraza

la carne desnuda

del falso pudor de las ciudades,

sobre lo más sórdido de la guerra,

sobre la aparente felicidad

de la puta y del borracho,

sobre lo gris de los noticieros,

sobre lo pálido del desempleo,

sobre el negro de la desesperanza.

 

El canto de la vida, en mil idiomas disperso

puede oirse

si le arrancamos jirones de plata a la luna

y a modo de caracola,

traducir la cacofonía de la torre de Babel.

Si lo logramos,

quizás no seamos más “maduros”

pero sí más diferentes.

 

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2000



(1)     ¿Dónde quedó la flor que emanaba de tus labios

al alba de la cosa de la cosa del pasado?

Sería pueril, amigo mío,

no empezar esta charla

(5)     sin hablar de quien fue Aranzani.

Quizás la mejor manera de hacerlo

es describirla como principio inmanente

de Oriente y Occidente

de rosa de los vientos,

(10)  de chispa que no se apaga,

espejo de luna y fragmentos de sol rociados

al vapor nihilista de la cotidianeidad.

La duda no tiene existencia en ella, pero tampoco la certeza

tal como aquel misterio inaccesible

(15)    cerrado con siete candados

ocho incertidumbres

y nueve curiosidades.

No tenía más tatuaje que el polvo de las estrellas

ni más vanidad que la existente en los granos de la mar

(20)   es el creer en un estallido, un poema, una paradoja,

en aquello que no se pierde aunque no pueda ser visto

aunque la chingada realidad

muchas veces se empeñe en ello.

¿Cuántos instantes- entre efluvios de alcohólico recuerdo

(25)     y olvidos de marca anónima y registrada-

son trazados hacia el ser-siendo-sido?

¿Cuándo dejaremos de jugar a ser arqueólogos del pasado

y meramente lamentar el presente?

(30)     Pregúntaselo a la pueril imagen de mi mismo

que llora frente al espejo de su casa y su realidad

-como quien ha perdido el más anhelado dulce del vivir-

a la edad de dieciséis años

se preguntaba, como ahora, aunque con menos argumentos y   aspavientos

(35)      sobre cuando, Aranzani, habría de volverte a ver.

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Goethe en la sierra de la laguna (Respuesta a un catedrático de la UABCS)

Goethe en la sierra de la Laguna (Respuesta a un catedrático de la UABCS)

Homero Francisco

27 de marzo de 2011

El siguiente texto es un intento de respuesta a “La minería tóxica y el petate del muerto” publicado por el Dr. Alejandro Álvarez en el Sudcaliforniano el 22 de marzo de 2011. No voy a ahondar en responder directamente a los señalamientos que hace el autor, dado que la crítica y descalificación en este caso serían estériles…es mejor en este caso apostar a la metáfora que, a final de cuentas, es un arma de la que el ser humano no puede ser despojado.

Desde tiempos memoriables, se ha forjado en el corazón de cacto de nuestra media península una identidad amalgamada entre los pueblos originarios y los grupos colonizadores provenientes del antiguo mundo; sobreviviente de esta fusión nació el ranchero sudcaliforniano. En una época donde el recorrer del tiempo era tan leve como el suspiro más elemental y el espacio era meramente simbólico, el ranchero, en vez de proferir las clásicas higas de quien se queja de la lejanía y de lo monótono, erige en realidad la máxima con la que inicia la exégesis del Fausto de Goethe en las sagradas escrituras: “En el principio era la acción”.

Y no sólo fue en el principio la acción, sino que fue continuación y causa de la consolidación de una visión del mundo, cuya consecuencia fue una identidad, que por supuesto no fue ajena a la modernidad como se podría suponer; la ascensión de los hijos putativos de la revolución industrial, -temporáneos pegasos de petróleo y electricidad- supuso mas bien una oportunidad, una re-ingeniería de su realidad; pero ¿qué pasa cuando los medios de los que se ha servido constituyen una amenaza latente para él?

Imaginemos de repente el siguiente cuadro: un ranchero dedicado a las faenas propias junto con su ganado (BCS es más una región ganadera que agrícola, dadas las condiciones climáticas) es estremecido por una serie de explosiones originarias del corazón de cacto, metafóricos ayes de una tierra que clama piedad… ¿cómo asumiría esta repentina transformación de su paisaje, en tanto que esta se da de una manera casi abortiva y violenta? No sólo se pone en juego el ser, sino también el tiempo parafraseando a Heidegger. Para el habitante de la ciudad es casi como parte de su tren de vida el constante cambio, lo disoluto, lo que es líquido y por eso se escapa a veces de las manos… pero, ¿y el ranchero? ¿En qué posición quedaría? Tomando prestado de nuevo a Goethe, quizás sería como la pareja de ancianos despojada por obra y gracia de Mefistófeles de su choza, de su diferencia ante la homogeneidad impuesta de nuevo por un Fausto ávido de poder, traspasando toda metafísica posible.

¿Estaría en peligro la sierra de la Laguna ante este panorama? Sin duda, ya que se debate seriamente sobre las repercusiones ambiéntales del polémico proyecto Concordia-PA, pero hay un riesgo mucho más grave que el de la pérdida del espacio físico: la extinción de un horizonte, forjado a la manera de los primeros Adán y Eva que surgió de las entrañas de esta Baja California Sur, y que, al igual que con la desaparición de las convergencias impuesta por el salvajismo capital, se llevaría algo más significativo: una diferente manera de ser humanos.

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El “vender” las humanidades

El “vender” las humanidades

Homero Francisco

La Paz, 22 de febrero de 2011

Quizás no descubra el hilo negro (y no es intención evidente hacerlo) cuando se habla de la enorme influencia que han ejercido las redes sociales –desde su influencia en aristas tan personales como las relaciones humanas hasta en últimas fechas en el orden geopolítico y social del mundo-La simple explicación salta a la vista del espectador moderno, ese demiurgo post-platónico que con una frase, un twit o un “me gusta” se configura una interpretación del mundo, y oferta a su otredad, al que está del otro lado de la pantalla una segunda navegación, un horizonte donde se pone en juego la levedad de la vida, expresada en las variadas maneras del lenguaje.

¿Cuál es la ventaja, la oportunidad que es inherente a los fenómenos de Facebook y Twitter? Mientras en medios como los blogs la interacción de una manera más bien mediata y no tan simultánea, en las redes sociales el debate se genera no solo en tanto que interacción, sino en términos de puntualidad, de juegos de lenguaje-parafraseando al buen Wittgenstein- y en un tiempo donde no hay antes ni después, sólo presente. ¿Esto no es similar a las andanzas peripatéticas de los grandes pensadores griegos por explicarse su realidad?; la característica de las ciencias humanas al respecto es que su indagación supone interacción que es, en la oralidad o en la escritura, de manera in-mediata y concisa; citando a Gadamer, hay textos que son susceptibles de hacerle preguntas (¡y hasta responderlas!), y por supuesto, de esta conversación, se espera una sensación de llenura metafórica, semejante a la producida por la satisfacción del alimento o la buena compañía. Y el “me gusta” o el twit no son tan ajenos a esta llenura, en tanto que se transforman en viandas dialécticas, en carnada donde el uno se inter-relaciona con el otro mediante la idea.

¿Cuál es entonces, la naturaleza de la transmisión de los conocimientos hoy en día? Actualmente se rompen lanzas mayormente por la inmediatez, por el aprendizaje gráfico sobre la sutil comprensión, el predominio de la forma sobre el fondo; obsérvese como ejemplo la manera en que se hacen los trabajos escolares- a los de nuestra generación y mucho antes correspondía el ceremonial de ir a la tiendita de la esquina por la monografía o la estampita de Benito Juárez, por decir algo, mientras que hoy el niño con la facilidad y la rutina del copy-paste ejecuta de diferente manera el mismo ceremonial- pero, ¿el proceso de comprensión y cuidado es igual? En una sociedad dominada por el laissez-faire (dejar hacer y dejar pasar) de la cotidianeidad es en apariencia natural; en vez de constituir un obstáculo para el ceremonial de la enseñanza-aprendizaje, esto supone una segunda navegación.

Desde el discurso llano de los primeros filósofos hasta la expresión escrita en voluminosos tratados, la filosofía y las humanidades se han “vendido” de diferente forma- dejando de lado la connotación peyorativa que podría sugerir la frase- en las diferentes etapas de la sociedad; ¿será la segunda navegación de las redes sociales, dada su característica de erigirse en interacción para llegar a dilucidar su entorno, una manera de hacer filosofía en pleno siglo XXI? Quizás Facebook y Twitter, sirvan, dado el impacto en fenómenos como la “revolución de los claveles” norafricana, como una útil y sutil herramienta para impulsar al joven a la corrupción más pura y bella: la socrática.

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Metáforas de un tiempo (frente a la ventana)

Metáforas de un tiempo (frente a la ventana)

Homero Francisco

Guadalajara, 17 de enero 2011- Todos Santos, 23 de enero 2011

¿Qué se espera ver frente a una ventana, sino es la cotidianeidad en un primer plano? Como San Agustín, donde el tiempo no es ni ayer (porque ya pasó) ni mañana (porque aun no viene); aparte de la pregunta por la naturaleza de la ventana, se viene otra obligada: ¿es lo mismo un octavo piso (lo que se ve en estos momentos) que un primero, vista a ras de cielo y de suelo?

1

Frente a la ventana de una anónima habitación del último piso de algún hotel de Guadalajara, se observa un barrio donde borrachines y mujeres taciturnas protagonizan -en algún lejano bar-la noche de la antigua zona tabú de la ciudad, San Juan de Dios. Son las doce de la madrugada y, como hongos, estos héroes del asfalto horadan la calle donde pacíficos ciudadanos imponen su ley al amparo de la luz del día.

2

“La perla tapatía”, a pesar de los crecientes tufos de modernidad, sigue siendo en algunas zonas una ciudad hasta idílica, y prueba de ello son los muchachos que tatuan y se tatuan en el devenir de la calle Independencia cuando clarea el alba. Con besos erigidos en tinta y con caricias en papel, soy testigo privilegiado de esta epifanía. Más allá, una anónima bocina da la bienvenida al nuevo día.

3

En la azotea de otro hotel contiguo, una camarera regordeta toma una inmerecida siesta cuando son las once de la mañana, y tres casas más allá un sujeto de unos cuarenta años con una camiseta del Atlas echa una larga meada; ¿estos personajes estarán curados del antrax de las ciudades, esa estúpida enfermedad que es el anonimato? ¿ellos son, o se dejan ser?

4

Pero desvarío: ¿qué se ve en el primer piso? algún botones con nombre, mas no con apellido, da los buenos días de una forma casi maquinal, y otra burocrática recepcionista se pelea con un invisible e implacable jefe; Parafraseando a Octavio Paz, el mexicano es experto en hacerse máscara – y en ser máscara- el problema es, como en el mito, cuando la máscara se queda en el inseguro rostro definitivamente.

5

Algún chiflado- que ha superado su máscara en deus ex machina- desvaría en lo que haría si, como en los antiguos carnavales, los locos tuvieran el mando; el, sin saberlo, se erigió en superhéroe- y en superhombre a la manera de Nietzsche- cuando un día antes, el periódico La Jornada documentaba como toreaba a los trenes en algún riel sin nombre. El octavo piso, es una metáfora de la otredad; el primero, un reflejo de la mismidad. Como en un deja-vu, en algún anónimo estereo suenan las siguientes estrofas del grupo Luzbel:

“Y si te acercas al fuego verás salamandras volar,

vienen sangrando recuerdos y así el sueño llega a su fin,

y si le temes al fuego, y si no entiendes el juego, y si no quieres morir,

te dolerán las estrellas y pedirás a los cielos una oportunidad”

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De Teresa Mendoza a El Ponchis: lenguaje y significación en el narco

De Teresa Mendoza a El Ponchis: lenguaje y significación en el narco
Homero Francisco
10 Diciembre 2010

1

El primer contacto personal con la palabra “narcotráfico” y sus posteriores avatares, se remonta más o menos al verano del 2003, cuando comenzaba a inocular en el autor el vicio de la lectura. En el escaparate de la entonces Libros and Books -hoy Librerías de Cristal- se exhibía un autor que hasta ese momento no era tan conocido en el medio comercial de la literatura: Arturo Pérez-Reverte y su reina del sur, la inconfundible Teresa Mendoza.

En La Reina del Sur, es curiosa la metamorfosis del personaje principal,que pasa del rol clásico de la mujer que subsiste en condiciones de pobreza hasta convertirse en un elemento de peso en la metáfora del crimen que propone Pérez-Reverte, en una Culiacán ficticia, pero no por eso menos real. La parte que rescato de la obra, más allá de las vicisitudes de Teresa en el sub-mundo de la delincuencia organizada, es su encuentro en las cárceles españolas con su alter ego, Patricia O´Farrill, quien, en medio de una relación amor-odio, la introduce a un mundo alterno al que una muchacha de origen humilde y casi nula escolaridad podía aspirar : al de la lectura.

Así, La reina del sur se desdobla no sólo en la matrona del bajo mundo del narcotráfico, sino que adquiere otra corona: la de ella misma; titubeante primero, y de forma fluida después, Teresa Mendoza empieza con los libros clásicos, referente obligado para una cultura general, y luego encuentra una “identidad” como lectora. Es de llamar la atención una reflexión que el autor pone en labios de Teresa respecto a la naturaleza del lenguaje y sus múltiples interpretaciones:

“No hay dos libros iguales porque nunca hubo dos lectores iguales. Y que cada libro leído es, como cada ser humano, un libro singular, una historia única y un mundo aparte”

¡La Reina del Sur encarnada en Cratilo! Al igual que en el diálogo platónico, ella propone a su manera una construcción del mundo, a partir de un diálogo hermenéutico con las palabras y sus significados. Como Gadamer, ella propone que el texto puede hablar si nosotros tenemos los arrestos y las valentías- así en la coca como en el pisto- para preguntarle. ¿Esto no es una bofetada al maniqueísmo propuesto por Felipe Calderón y sus esbirros, en el contexto de una ficticia guerra contra el narco? ¿El Chapo Guzmán podría ser el filósofo de Badiraguato? Valdría la pena hacerse esta pregunta, creo. Si el Cochiloco en la película El infierno es capaz de establecer que “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”-explicación no tan obvia si se le analiza a fondo- ¿qué se puede esperar de alguien que tenga astucia y medios para explicarse de otra manera al mundo?

2

En 2006, la revista Proceso – actualmente vilipendiada por hablar de lo que se debe callar según la lógica de Televisa- publicó una de las primeras evidencias de que el estado mexicano se hallaba en una nueva problemática: la nota de que seis personas habían sido decapitadas en Michoacán y sus cabezas arrojadas en medio de una pista de baile. La reacción inmediata fue de pasmo en “el país de no pasa nada” y, naturalmente, el de satanizar al semanario por el exceso de lo gore del momento. Aunque, tiempo después, el discurso del odio promovido por la derecha y un Felipe Calderón falto de ideas y propuestas habría un enemigo público número 1.

El único merito que se le puede atribuir en este sexenio al gobernante en turno, va más allá de los ninis, los desempleados del SME y los caídos en una conflagración sin ganador por decisión unánime. Como candidato primero, y como presidente después, Calderón ajustó su estilo de gobernar a la reflexión de Wittgenstein en el Tractatus:

“Las palabras son como manivelas, que hacen posible diversas operaciones; es como decir que un bastón puede ser usado como palanca; solamente el uso, el modo de ser usado, lo hace ser palanca”

Al promover la idea de un peligro para México en la persona de AMLO, Calderón en realidad se refiere a miles, a cientos de mexicanos cuyo único pecado fue el de haber pedido-para disgusto del establishment- transparencia, el quitarle el traje al emperador que de por sí ya estaba encuerado. Ahora imaginemos, con la credibilidad del panismo por los suelos, se buscó un nuevo molino de viento contra el que un remedo de Quijote pudiera luchar. Y ese molino fue el narcotráfico. ¿Y cómo logró consolidar dicha empresa? ¡Mediante el lenguaje!

No es casualidad que en el sexenio en turno se hayan cambiado, para disgusto de la academia popular de la lengua, algunas percepciones y palabras para ajustarlas a los intereses de la violencia legitimada por el estado: daños colaterales se les llama a familias acribilladas por la negligencia militar, bajas es la población civil víctima de daños físicos y morales, el “vamos ganando aunque no lo parezca” como reflejo de una esperanza-al estilo del michoacano- “haiga sido como haiga sido”.

¡Y pobre del que se anime a cuestionar el sofisma del calderonato! Enrique Krauze publica el 23 de marzo de 2009 en el New York Times el siguiente editorial:

The Mexican print media has not been entirely helpful either. Of course, freedom of press is essential for democracy. But our print media has gone beyond the necessary and legitimate communication of information by continually publishing photographs of the most atrocious aspects of the drug war, a practice that some feel verges on a pornography of violence. Press photos of horrors like decapitated heads provide free publicity for the drug cartels. This also helps advance their cause by making ordinary Mexicans feel that they are indeed part of a “failed state.”

Esto palabras más, palabras menos puede interpretarse así:

“Los medios impresos mexicanos no han sido enteramente amables al respecto. Por supuesto, la libertad de prensa es esencial para la democracia, pero nuestros medios impresos han ido más allá de la comunicación necesaria y legítima de la información al publicar continuamente fotografías de los aspectos más atroces de la guerra contra las drogas, una práctica que algunos sienten al borde de una “pornografía de la violencia”. Las fotos de la prensa de los horrores como las cabezas decapitadas proveen publicidad gratuita para los carteles de la droga. Esto también ayuda al avance de que los mexicanos ordinarios sientan que están formando parte de un “estado fallido”” .

3

Sin embargo, y para desgracia de los mexicanos, la inevitable realidad está rebasando el mero optimismo oficialista respecto a las acciones tomadas para el combate a las drogas. Con el apogeo de las redes sociales- Twitter y Facebook-, así como de su hijo putativo Wikileaks, las fuentes de siempre han visto minado su monopolio de la verdad ante quienes-parafraseando a Kant- han ejercido una crítica de la razón violenta. Esto contrapuesto a un fenómeno significativo en últimas fechas: el uso del lenguaje para apoyar una visión del mundo al estilo western de los buenos y los malos (los feos no los cuento porque la estética es relativa al espectador).

La muerte de Arturo Beltrán Leyva supuso, dada su difusión en los medios, un hito y una metáfora de lo que sería la guerra calderónica-el pasar por encima de quien se tuviera que pasar- la saña reflejada en el cuerpo baleado del capo y adornado con billetes de alta denominación. Un ser que comió, bebió, amó, mió y hasta cagó- si se me permite esta palabra- reducido a trofeo de guerra, pagando por su crimen. Ojo: no estoy discutiendo la naturaleza de los actos de esta persona, pero habría que cuestionarse lo siguiente: ¿cómo tratar al ser humano que no es naturalmente bueno ni malo?

En otro tenor, se encuentra el caso de Edgar Jiménez Lugo, el Ponchis, un mini-sicario de apenas 14 años de edad que, con toda la tranquilidad del mundo, confesó haber mutilado por lo menos a 4 personas bajo el influjo de las drogas. En una sociedad que acepta la exhibición morbosa como manera de etiquetar al individuo- de ahí el éxito de los teletones como simulación de la virtud- el caso del Ponchis supuso terreno fértil para los juicios a priori sobre los a posteriori. Inclusive, el hecho de mostrar al mini-sicario ante los medios, supone el rebasar una barrera entre lo que se debe conocer de la nota y los derechos individuales del afectado.

Contraponiendo las dos visiones del problema del narcotráfico y de la delincuencia en general, se puede deducir el pie del que cojea la política antidrogas: el de carecer de razón desde un punto de vista hermenéutico. Por más que pataleen los Krauzes y demás apologistas del gobierno en turno, la violencia va más allá de un mero problema de percepción y de maniqueísmos del pasado, y su fundamento implica el que también paguen justos por pecadores, lo que presupone algo cercano al genocidio. Si Pérez Reverte en La reina del Sur, nos mostró que Teresa Mendoza tenía la capacidad de cuestionarse su entorno a través de la lectura, ¿no es esta una opción para deponer las armas y, literalmente, romper lanzas por la construcción de una nueva concepción del mundo a través de la imaginación? Citando al profesor universitario, en este sentido quizás tenga mayor virtud un Chapo Guzmán que se conduzca con inteligencia en el submundo del crimen organizado que un Felipe Calderón, cuya único leitmotiv es el “haiga sido como haiga sido”.

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